Aislados por perímetros de seguridad y dotados con rigurosos controles de entrada, estos complejos residenciales son algo así como islas de prosperidad situadas en las afueras de las grandes ciudades. Fue Raúl Argemí quien nos mostró hace unos años las posibilidades literarias de los 'countries'. En su novela 'Retrato de familia con muerta', el escritor argentino trasladaba a la ficción una muerte real ocurrida en 2004 en una de esas urbanizaciones supuestamente infranqueables.
Ahora Claudia Piñeiro vuelve a trasladarnos al interior de un 'country' en el que ha habido un crimen. El muerto es un hombre rico llamado Pedro Chazarreta y en principio parece que se ha suicidado. Sin embargo, las dudas no tardan en aparecer. Sobre todo, teniendo en cuenta que en esa misma casa había aparecido muerta unos años antes la mujer de Chazarreta. Demasiadas muertes para una sola casa y así lo entienden en 'El Tribuno', un periódico crítico con el Gobierno que decide ponerse a investigar lo ocurrido en el 'country' La Milagrosa.
Para hacerlo, movilizan a un joven redactor y también a una veterana escritora, Nurit Iscar, «la dama negra de la literatura argentina», a quien apodan Betibú, por su parecido con el dibujo animado de los años treinta. A la pareja se unirá Jaime Brena, antiguo jefe de Sucesos del periódico que, al igual que la escritora, no atraviesa por el mejor momento profesional.
Además de sobre una trama criminal que presenta algunos llamativos puntos débiles, la novela de Claudia Piñeiro se construye sobre el análisis de dos mundos diferentes y atractivos. Es lo mejor del libro. Uno de esos mundos se corresponde con el de la sociedad argentina del momento, un lugar en el que parece tomarse con normalidad que unos particulares puedan encerrarse en una urbanización y aislarse del exterior con medidas casi militares.
El libro comienza nada casualmente en una de las colas que se forman para acceder al 'country' donde vive Chazarreta. En ese control de acceso la gente es sometida a unos rigores que recuerdan a los que suelen darse en la frontera entre dos países.
El segundo mundo del que la novela ofrece un retrato inclemente es el del periodismo. La relación entre el veterano Brena y «el pibe de Policial», su sucesor en Sucesos, es tan significativa como desopilante. Ambos forman una pareja cómica: el viejo sabueso cascarrabias y el joven que necesita mirarlo todo en Internet. «Salí a la calle y escribí bien, que se entienda, que tenga garra, que atrape. Y sin faltas de ortografía, que eso, hoy por hoy, ya es mucho pedir», le dice Brena al muchacho.
No funciona tan bien el dibujo de la escritora protagonista y su omnipresente y problemático bagaje sentimental. Eso lastra una novela veloz, ácida, muy dialogada, que por otro lado sí consigue ofrecer una visión reveladora de la realidad social de la que se ocupa.