El autor de 'Las dudas de Hamlet' es Miguel Roig. Entre otras actividades es director creativo de la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi. El libro lleva un subtítulo bastante elocuente en cuanto a su propósito temático: 'Letizia Ortiz y la transformación de la monarquía española'. ¿Quiere ello decir que todo este ensayo trata de los herederos de la Corona española? ¿Trata también de la futura reina de España? Sí y no.
Sí en cuanto que la figura de doña Letizia estructura el fondo ideológico (no en el sentido político del término, sino en su sentido de comunión de varias ideas relacionadas con la cultura, la sociedad, la sociología y la hermenéutica del discurso). No en cuanto a un tratado sobre la figura de Letizia y su papel en la Monarquía española. Por lo tanto estamos ante un texto mestizo, un híbrido de literatura de ficción, filosofía, sociología e historia. La idea que lo mueve es la de Letizia, como antes en otro ensayo titulado 'Belén Esteban y la fábrica de porcelana', su idea aglutinadora era la de la tristemente célebre comunicadora televisiva.
'Las dudas de Hamlet' es una propuesta ensayística. Pero también es un metaensayo, toda vez que propone un itinerario para el género. El pensador alemán Walter Benjamin elaboró en sus 'Pasajes' un libro de citas, donde éstas jugaban una especie de red de sinopsis cultural. Roig procede con parecida fórmula. Vuelca en cada capítulo un asunto de su interés (que a la vez nos comunica con la idea central de la transformación de la chica televisiva Letizia Ortiz en nuestra futura reina) y lo alimenta con un alud de referencias literarias.
Esto también nos recuerda a Paul Auster, que desde la ficción más rotunda nos lleva hasta el umbral de un problema metafísico. En términos generales se puede decir que 'Las dudas de Hamlet' es un texto sobre la incertidumbre que nos depara el presente.
Miguel Roig nos indica que todo lo que nos rodea, todos los síntomas que percibimos, todos los relatos que escuchamos (bajo la forma de discurso publicitario, político o lúdico) instauran distintos contenidos con un fin concreto: acrecentar el capital simbólico que no llegamos nunca a destripar pero sin el cual no podríamos vivir la cruel, deshumanizada e invisible alienación llamada felicidad. Somos hijos, nos dice este sugestivo ensayo, de varias metamorfosis operadas a fulminante velocidad.