Torrelavega perdió ayer a un gran empresario. José, Pepe, Quinzaños no pudo superar el último reto que le puso la vida: la enfermedad. Con su fallecimiento, la ciudad del Besaya dice adiós a uno de los empresarios hechos a sí mismos, miembro de una casta que convirtió, en la mitad del siglo pasado, a Torrelavega, en el centro industrial de Cantabria. La noticia ha calado hondo en todos los torrelaveguenses, que apreciaron en este hombre sencillo su afán de superación, su empeño por crear riqueza para la ciudad y, en síntesis, la demostración de cómo un obrero de una fábrica llegó a ser un gran empresario de las artes gráficas.
Pepe Quinzaños, como le conocía toda la ciudad, nació en Santander hace 80 años. Tras el incendio su familia se trasladó a Torrelavega. Comenzó su vida laboral en el año 1956, en la fábrica Solvay. Trabajaba a fuego continuo lo que le dejaba tiempo libre para realizar otros trabajos «y completar las 600 pesetas que ganaba entonces», confiaba en una entrevista que EL DIARIO MONTAÑÉS publicó en septiembre del año 2008, al cumplirse cincuenta años de la fundación de la imprenta.
Con el objetivo que siempre le acompañó, mejorar la vida de los suyos, se asoció con Agustín y Manolo Rodríguez Palacios, éste último cuñado suyo, y en sus horas libres fabricaban estuches para cuberterías, que vendían a joyerías de Cantabria y España.
Uno de los tres socios, Agustín, también tenía otro trabajo. Era operario de artes gráficas en la imprenta de Antonino Fernández, lo que les animó a abrir su propio negocio. Así, en el año 1958, fundaron la sociedad mercantil 'Imprenta Palacios', con un capital de 30.000 pesetas.
Nace la empresa
Con una furgoneta DKW de dos tiempos, se fueron a Madrid a la empresa Richard Gans, donde compraron una máquina Minerva, guillotina, chivaletes y tipos de imprenta, con los que iniciaron la nueva actividad. En 1960 ya pudieron contratar a tres operarios. La clientela comenzó a llegar pronto, ya que se distinguían por hacer un trabajo muy cuidado. La buena marcha del negocio les animó a comprar, de segunda mano, una impresora de gran formato.
Desde entonces la empresa no hizo más que crecer hasta que en el año 1976 los tres socios se separaron amistosamente y Pepe Quinzaños comenzó su aventura empresarial en solitario, junto a su esposa y sus hijos, que se fueron integrando en la gran nave que había levantando en el barrio La Tejera, en Barreda. Sucesivas ampliaciones la convirtieron en la gran empresa que es actualmente, puntera en tecnología y en ediciones.
Entre su clientes, por ejemplo, estuvo toda la Seguridad Social, el Grupo Banco Santander para España y Portugal, la Banca Jover y una innumerable lista de empresas, entre las que se encuentra EL DIARIO MONTAÑÉS, para quien hizo alguna de las mejores ediciones de su Anuario de Cantabria.
Su esposa Pilar, y sus hijos José Luis, Javier, Pilar, María José, Gema y Fernando, continuarán con la empresa que fundó su padre.