Buenos días a todos de nuevo. Esta semana rompo la rutina habitual de los tés para hablaros del próximo campeonato de baristas que se va a celebrar en la localidad lucense de Foz, a orillas del mar Cantábrico. Esta villa marinera se puede considerar un lugar de peregrinación para el barista, donde su religión, la consecución de buenas tazas de espreso, magníficos cappuccinos e imaginativas recetas en base a café, se dan cita a diario. ¡Qué envidia!, envidia sana, claro.
Y es que a la entrada, en lo alto, con el mar como escenario de fondo, se encuentra la catedral del café del norte de España, su escuela de hostelería, donde día a día, la pasión, amor por este producto y buen hacer de sus profesores y antiguos alumnos dan paso al adoctrinamiento de cientos de jóvenes en esta maravillosa locura tostada.
Y es que de allí han salido varios de los baristas más reconocidos en nuestro país, y a buen seguro seguirán saliendo. Y esto se ve reflejado en su jornada festiva, en su Santiago particular, en la peregrinación que sucede cada febrero a sus instalaciones para disfrutar de dos intensos días de buen olor y mejor sabor, donde la taza de loza se convierte en el cáliz de salvación de todos los asistentes al evento 'Barista por excelencia', que este año es ya su 5º edición y que a buen seguro se convertirá en centenario algún día.
Consta de una primera jornada en la que escuelas de hostelería de Galicia, Asturias, Cantabria y Portugal, representadas por su 'monaguillo' más aventajado, compiten por comulgar a 4 jueces, haciéndoles llegar al paraíso sin levantarse de la mesa. Grandes blends, leches jugosas y divertidas e inverosímiles elaboraciones son presentadas a culto durante 15 minutos, hasta que uno de los 'monaguillos' es 'ordenado'.
En su segunda jornada, los cardenales del café, prácticamente todos de la congregación de los cappuccinos, compiten por conseguir un estalo, o escaño, en El Vaticano del café, que este año se celebrará en Viena. Rezaros que a esta peregrinación acudirán tres cántabros, de las escuelas de Peñacastillo, Laredo y Las Carolinas, con sendas ofrendas, una de las cuales os muestro en la fotografía adjunta. Suerte tengan estos ávidos baristas.
Podéis ir en paz, gracias te damos espreso.