«Nosotros no estamos en contra del Puerto, pero creemos que en la bahía hay sitio para todos», asegura Pedro Bedia, miembro de la Cooperativa La Campanuca, que acoge a 64 mariscadores del arco de la bahía de Santander. Denuncian que el relleno de la dársena de Raos «será el golpe definitivo» al sustento de sus familias. El proyecto de la Autoridad Portuaria supone ganarle al mar una superficie de 75 campos de fútbol para poder acoger a los gigantescos barcos Panamax -con las dimensiones máximas permitidas para cruzar el Canal de Panamá, es decir, doce metros de calado y 32,3 metros de manga-. Una adaptación que ya se ha hecho, o se está haciendo, en los puertos de Bilbao, Gijón, Barcelona y La Coruña, entre otros.
Todavía no se ha anunciado cuándo comenzará el relleno, pero el presidente de La Campanuca dice que, sobre el papel, está previsto que los trabajos duren unos diez años. «Teniendo en cuenta la media de edad de los mariscadores será una jubilación anticipada», asegura. Su compañero Pedro Bedia insiste en que «no es negocio» volver a rellenar parte de la bahía: «Existen alternativas como la construcción de un puerto exterior o la redistribución de los espacios del puerto, pero seguimos machacando esta bahía que tanto decimos querer».
El delegado en Cantabria de la asociación de aves SEO/BirdLife, Felipe González, también denuncia el proyecto de la Autoridad Portuaria: «Hemos presentado varias alegaciones y desde hace años hemos visto con mucha precaución todos los planes para esta zona, que pensamos que debe quedar a salvo de cualquier crecimiento portuario; más que nada porque la bahía ya ha soportado un 60% de ocupación de su superficie natural».
El presidente de la Asociación Ría, también presente en la manifestación, explica que el relleno de la dársena es «un proyecto insostenible desde el punto de vista ambiental, económico, social y cultural». Diego Cicero asegura que si finalmente se rellenan 750.000 metros cuadrados de bahía se producirá «la destrucción completa de un patrimonio que está protegido tanto por las directivas europeas como por la legislación española».
La Asociación Ría, que trabaja por la recuperación del entorno más dañado del arco de la bahía, el estuario de Boo, lamenta que el proyecto de crecimiento portuario supone convertir la bahía en un «desierto y dejarla destrozada» para las futuras generaciones. «Y no estamos hablando ni de pájaros, ni de peces, ni de lo bonito que es el medio ambiente, sino de la base de nuestra economía».
Cicero también valora la pérdida sociocultural que puede suponer para Santander: «Supone perder las raíces de la actividad económica más antigua de la bahía y la posibilidad de vivirla, porque si perdemos el marisco también perdemos el pescado; todo el potencial de la bahía como ecosistema».