A las nueve de la mañana todo esquiador que se precie está ya con las botas atadas y el pase en el bolsillo. Una temporada terrible, como la que toca, hace que los nervios que suelen acompañar al ritual de uniformarse se multipliquen por cien. Los esquiadores de Alto Campoo saben que no es fácil encontrar esa nieve en la que esquiar se parece más a un baile que a un deporte. Aquí, cuando no está húmeda está dura y cuando no es escasa, por no hablar de esas ventiscas que parecen surgir de la nada y que en un minuto dejan la parte alta con eso que los expertos llaman visibilidad cero, que es lo mismo que decir que no se ve nada y que toca acercarse a las pilonas, ir con cuidado y, si consigues llegar abajo, pedir un vermú en el Multiusos. Ayer fue un día de esos en los que, en un instante, todo se cubre y la niebla no deja ver las botas. Aún así, Alto Campoo registró media entrada. Ni los nueve bajo cero -con sensación térmica de -14º- ni que a las nueve de la mañana sólo se hubiera conseguido arrancar Pidruecos y Debutantes lograron quitar las ganas a los varios cientos de coches que desde primera hora -cuando el viento arreciaba y barría la nieve recordando la peor escena de 'La odisea de la Antártida'- entraban poco a poco en el aparcamiento.
Habían tenido que llegar y sortear a los que se quedaron cruzados en la carretera organizando, por segundo día consecutivo, un atasco de miedo, con palas incluidas sin poder pasar, a la altura del muro, a un kilómetro escaso de Brañavieja. Cuando el día se presenta así, lo que conviene es entrar en calor. Un café a 2,5 euros en la cafetería y esperar sabiendo que el día, como se estropea, puede empezar a mejorar.
Ayer, sin ser eso que cuando te cae sobre el hombro soplas y desaparece, la nieve rozaba la perfección. Por eso, a pesar de que las condiciones no acompañaban, a primera hora muchos ya habían resuelto los tradicionales inconvenientes: madrugar en fin de semana, conseguir subir a la familia en el coche y levantar la voz porque, después de haberlo repetido veinte veces, al niño le faltan los guantes.
Superada la primera prueba -esa que se ha llevado por delante cientos de parejas y millones de buenas relaciones padre-hijo- la opción era esperar a que el tiempo mejorara. Por fin, a las doce, los que habían conseguido aguantar refugiados en el Multiusos ya tenían Río Híjar, Pidruecos, Debutantes, Toboganes, y Las Hoyas abierto, y no dejaba de llegar gente.
Mientras, arriba, se movían las sillas para conseguir que no se helaran y tener luego que quitar el famoso 'manguito' -ese hielo que recubre los cables de los remontes y les atenaza- a bastonazos. «Con este frío y esta nieve húmeda todo se hiela y luego hace falta un bate de béisbol para arrancar lo que se queda pegado al cableado», explica benevolente uno de esos esquiadores que uno piensa que ha nacido aquí.
Y es que nadie en la estación escondía la pena que daba haber trabajado duro durante toda la semana para tener la estación a punto y que el mal tiempo estuviera consiguiendo echarlo todo a perder cuando se ha conseguido lo que parece más complicado: una nieve perfecta.
Al final, el tiempo no quiso regalar un rato bueno, pero la estación cerró a las cinco de la tarde habiendo conseguido poner en marcha el 45% de las pistas y atendido a unos 1. 800 esquiadores. El director, José María Fernández, no ocultaba el orgullo de haber conseguido cerrar el primer fin de semana de la temporada con un balance aceptable después de haber tenido que luchar contra todos los inconvenientes climatológicos posibles: frío, viento y niebla. «Lo importante es que estamos en marcha, que entre el sábado y el domingo han pasado por la estación siete mil esquiadores además de decenas de visitantes, y que la previsión para la semana próxima y los carnavales es muy buena. Tanto la hostelería del valle como las escuelas esperan estar el cien por cien esos días. Son muy buenas noticias. Ahora sólo falta que el tiempo ayude».
Ayer, cuando peor hacía, un padre con los esquís al hombro le decía a un niño que no tendría cinco años: «Qué Pablo, ¿te gusta esquiar?» «Me encanta». Alto Campoo es una estación para valientes.