En su habitación no había drogas ni señales de violencia. Sólo un puñado de medicamentos para la ansiedad con los que combatía regularmente su pánico escénico y unos somníferos -Xanax, Lorazepam y Valium, según fuentes policiales citadas por Radar.com-. Con estos indicios, las primeras hipótesis apuntan a que la cantante pudo morir tras quedarse dormida en la bañera o resbalarse accidentalmente. Descartado el suicidio, será la autopsia practicada ayer la que explique por qué la voz de Whitney Houston se ahogó para siempre en una suite de un hotel de lujo de Los Ángeles.
A la mujer que el mundo siempre recordará por su voz de ángel y mirada transparente la encontró muerta su peluquera con la cabeza bajo el agua y las piernas por alto. Su guardaespaldas la sacó desnuda de la bañera, pero ni él ni los enfermeros que llegaron en minutos pudieron reanimarla. Su cuerpo estaba frío. A las 15.55 de la tarde (hora local) se certificó su fallecimiento.
La muerte no se preocupó por darle un final digno, pero sí un contexto glorioso. Se encontraba en la cuarta planta del Hotel Beverly Hilton, donde el productor que la descubriera iba a celebrar su gran fiesta anual en vísperas de los Grammy. Houston iba a abrir las actuaciones. Pronto empezaron a llegar las limusinas a la puerta principal del complejo, mientras que la Policía y los forenses entraban por la trasera. La música retumbaba en los salones del hotel con el cadáver desnudo de Whitney Houston aún en el edificio. 'The show must go on' (el show debe continuar), decidió el anfitrión. «A Whitney le encantaba esta noche y hubiera querido que siguiéramos con la fiesta», se justificó.
En vida, Houston no siempre cumplió esa regla de oro. En los últimos años el pánico escénico que a menudo la llevó a cancelar actuaciones en el último momento y a pasar días atormentada en su habitación había empeorado. Su voz ya no respondía a la que el público llevaba grabada en la memoria. Una vida de juergas y correrías marcada por las drogas se había cobrado su cuota. La dulce niña de las misas de góspel que enamoró a los productores musicales sonaba con voz ronca y quebrada, aunque ella siguiera poniéndole detrás toda su fuerza.
Ausente y descuidada
El jueves dio la que sería su última actuación en un club de Hollywood donde improvisó una canción con la nominada de los Grammy Kelly Price. Los paparazzis capturaron su figura desaliñada al salir, con el pelo goteando, la mirada perdida y un cuerpo sin gracia en el que no parecía habitar la misma Whitney de siempre. Así la recuerdan también los empleados del hotel que la noche antes la vieron beber y gritar con sus amigos, igual de ebrios, hasta altas horas de la madrugada. La cantante había perdido el sentido de la vergüenza y se dejaba ver saltando por los salones o haciendo el pino en la piscina donde las cámaras rodaban entrevistas con otras cantantes. Se la veía ausente y descuidada. Olía a tabaco y alcohol y actuaba de forma errática e infantil. «El personal de los Grammy expresó su preocupación de que las cámaras la recogieran así o que los periodistas lo contaran. Finalmente su hija adolescente (Bobbi Kristina Brown, de 19 años) la sacó de la sala», desveló un testigo.
Sin embargo quienes la acompañaban como parte del largo séquito que llevó hasta el Beverly Hilton aseguran que el sábado se encontraba de buen humor, ilusionada con la actuación que iba a dar esa noche para su mentor Clive Davis. Su maquilladora y su peluquera esperaban a que finalizase el baño para transformarla de nuevo en estrella. Al cabo de una hora se preocuparon y llamaron a los guardaespaldas. Los testigos describen la escena que siguió como un caos surrealista, con la habitación acordonada, los huéspedes rondando alrededor y la Policía en búsqueda de una orden judicial para registrar la suite. Horas después la hija de la cantante se enzarzó en un enfrentamiento con los agentes, a los que insultó cuando no le dejaron ver el cuerpo. Fue el primero de los ataques de nervios que ayer forzaron su hospitalización. Anoche, la gran fiesta de los Grammy se convirtió en un sobrio tributo a la cantante, con la voz de Jennifer Hudson para su despedida.