Cuando Íñigo de la Serna fue investido alcalde, el pasado mes de junio, dijo que quería «colocar a Santander en el mapa mundial con letras mayúsculas». Una frase que parecía dirigida casi en exclusiva al Mundial de Vela y al Centro Botín. Pero el proyecto 'SmartSantander' se ha revelado como la tercera pata de ese deseo del alcalde. La capital ya tiene desplegados 3.000 de los 12.000 sensores que la convertirán en un «gran laboratorio» para liderar ese «cambio del modelo productivo» al que ayer se refirió De la Serna en numerosas ocasiones.
De entrada, como ya adelantó este periódico, los vecinos de Santander podrán encontrar aparcamientos libres sin necesidad de dar vueltas y vueltas a la manzana; los aspersores estarán controlados para funcionar según la humedad del suelo y la iluminación de alguna plaza y calle dependerá de si pasa algún vehículo o persona. «Si ahora se hacen las cosas bien, aprovechando con trabajo y rapidez las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías para mejorar la calidad de vida en la ciudad y ahorrar costes, lograremos salir fortalecido de la actual situación de crisis», aseguró el regidor.
Esa «nueva economía», como ayer dejó claro el alcalde, no está limitada a las empresas tecnológicas, sino «a cualquiera de cualquier sector que apueste por la innovación». Y lo más importante, «adelgazar» la línea que separa lo público de lo privado. «No podemos seguir gestionando nuestras ciudades como hasta ahora», dijo De la Serna, que señaló a las empresas como las que deben hacer la «inversión inicial». «La iniciativa debe ser privada, son ellas las que innovan, no los ayuntamientos», subrayó.
«Seguridad jurídica»
Pero la Administración también juega un papel en todo esto. De la Serna abogó por constituir un marco jurídico estable que «dé seguridad» a las nuevas «fórmulas de relación» que existen entre el sector público y privado a la hora de abordar, de forma conjunta, este tipo de proyectos, una colaboración que los tres alcaldes han defendido, sobre todo en los actuales momentos de crisis económica.
El alcalde se refirió expresamente a la Ley de Contratos, que «no recoge muchas de las características» que necesitan estos nuevos vínculos de colaboración. Y puso el ejemplo del agua. La actual legislación contempla el caso de que el Ayuntamiento instale las tuberías y saque a concurso la gestión del saneamiento, pero no que sea una empresa privada la que ponga el cableado y nazca de ella, o de otra, ofrecer un servicio a la Administración.
Para el alcalde, que preside la Red de Ciudades Inteligentes, es necesario trabajar en equipo. «No tiene sentido invertir en lo mismo cuando se pueden compartir esfuerzos, además de ofrecer buenas condiciones a las empresas para instalarse y un marco normativo que se adapte a ese nuevo mundo», dijo.
Internacionalización, oportunidad y rapidez fueron otras de las palabras que De la Serna considera inherentes a este proyecto, como subrayó ayer.