«Ahora puedo dormir. ¿Sabes lo que es tener que permanecer siempre prácticamente de pie para no ahogarte?». Eufemio García, un ex policía municipal barcelonés de 56 años, se mostraba encantado el lunes cuando, arropado por un grupo de médicos, compareció ante los medios informativos para presentar su corazón artificial, el primero diseñado para vivir con total autonomía que se instalaba en Cataluña. Se lo había conectado en noviembre un equipo de especialistas del Hospital Universitario de Bellvitge. «Antes de implantárselo le daban tres meses de vida», contaba a 'La Vanguardia' Amelia, su mujer. «Ya no podía más». Ayer, de madrugada, el nuevo corazón de Eufemio se paró para siempre.
Los mismos especialistas que un día antes sonreían ante las implicaciones de este avance médico, ayer redactaban un informe en el que mostraban su «consternación» ante su repentina muerte. Eufemio García falleció a las ocho de la mañana en su domicilio de Castellar del Vallès, al que había vuelto tras ser dado de alta. Al dispararse las alarmas, un helicóptero medicalizado se dirigió a su casa, pero el personal sanitario ni siquiera tuvo tiempo de trasladarle con vida al centro sanitario.
La única opción viable
El Hospital de Bellvitge no ha podido determinar por el momento las causas del fallecimiento; será la autopsia la que deberá concretarlas. Los especialistas recordaban ayer que el paciente, además de una insuficiencia cardíaca muy severa, sufría hipertensión pulmonar y alguna otra complicación. El equipo médico que trató al enfermo participará en la autopsia y valorará junto con el forense las causas del fallecimiento.
Eufemio había sufrido un infarto masivo en 1996; desde entonces, su maltrecho corazón a duras penas le permitía sobrevivir. «No me dejaba ni dormir, porque si me tumbaba me ahogaba», contaba el lunes. Tenía que descansar casi de pie, y sólo podía dar unos pocos pasos antes de quedar agotado.
A causa de las otras enfermedades asociadas al fallo cardíaco crónico que padecía, el enfermo no podía recibir un corazón natural, por lo que los médicos de Bellvitge le implantaron una asistencia ventricular mecánica -corazón artificial- el pasado 23 de noviembre. Después de permanecer 40 días ingresado, a primeros de año fue dado de alta y se convirtió en el primer paciente en Cataluña, y el tercero de España, que podía hacer vida prácticamente normal con un corazón artificial autónomo.
Desde entonces llevaba el dispositivo mecánico sin problemas y el lunes asistió a la rueda de prensa con total normalidad. «Mi nieto, de un año, se acerca al aparato que suena 'tictac'. Cada mañana viene a casa», contaba en la rueda de prensa este emocionado abuelo. «Y arreglo cosas. Cuando me canso, paro, pero me gusta arreglar cosas».
El dispositivo, llamado Incor, no sustituye al corazón entero, sino que es una turbina que complementa la función de bombeo que realiza el ventrículo izquierdo, extrayendo sangre para llevarla a la aorta torácica con un flujo continuo. Todo el sistema es intracorpóreo excepto un cable que sale por el abdomen y que está conectado a una unidad de control y a dos baterías con una autonomía de hasta cinco horas y media cada una. «Me las cambio yo mismo y, por la noche, me enchufo a la corriente y no gasto batería. Hay que darse la vuelta porque aún no está bien la cicatriz por donde sale el cable, pero me acostumbro. Aún no puedo ducharme y me lavo a la antigua», decía el lunes. Tenía muchas esperanzas.