Responsable de un delito de violencia en el ámbito familiar y tres de violencia doméstica (física y amenazas leves). Ese es el fallo del Juzgado de Menores de Santander contra un chaval que agredió a sus padres en numerosas ocasiones. Para ilustrar la situación que vivió esa familia, en la sentencia se relatan diversos episodios violentos que se sucedieron entre los meses de mayo y julio de 2011. Así, en una ocasión, el chico intentó «apalear a su padre» cuando éste le reprochó que había llegado tarde a casa. Unos días después, «tras castigarlo sin salir un fin de semana», el chaval arrojó enseres contra las paredes del domicilio y dio «patadas y cabezazos» a su progenitor. En la última agresión, el chaval se puso «muy agresivo», rompió varias pertenencias familiares y «agarró por detrás a su madre y la tiró contra la pared». Después de este episodio, el menor pasó a residir en un Centro de Atención a la Infancia (CAIF).
El pasado mes de noviembre, los magistrados le condenaron a un año de libertad vigilada. La mitad de ese tiempo ya la ha cumplido porque ha estado sujeto a esa medida de forma cautelar desde julio de 2011. A día de hoy, le restan cinco meses para finalizar la pena. Además, el tribunal le impuso otro medio año más de alejamiento del domicilio familiar.
Medidas
El juzgado también le condenó a la convivencia en un grupo educativo durante medio año, pero el juez suspendió esta disposición «en tanto en cuanto, continúe residiendo de forma adecuada en la unidad familiar en la que se encuentra (concretamente en la Unidad de Socialización del barrio de Cueto, Santander)». En la resolución se explica que «dichas medidas se le imponen por conformidad de las partes, para establecer un medio de control externo a sus actividades». Todo ello, para que el menor consiga una serie de «habilidades y capacidades» para que pueda desenvolverse de forma correcta en sociedad. Igualmente, se detalla que se le impone realizar tareas socioeducativas «encaminadas a su formación e inserción laboral».
Las medidas pretenden «dar continuidad» a las adoptadas con carácter cautelar y que proporcionan al chaval «un ambiente de socialización positivo». La sentencia cuenta que el menor (nacido en 1996) presentaba «conductas agresivas en el seno familiar, con continuos enfrentamientos hacia sus padres, cada vez que éstos intentaban imponerle una prohibición».