Los agentes, en la puerta de la residencia. Foto: A. Fernández
En La Pereda, la tensión no deja de crecer. Unos guardas de seguridad apostados en las inmediaciones dan idea de cómo se están poniendo las cosas en el centro geriátrico al que el Gobierno ha puesto fecha de caducidad. Hoy, además, las concentraciones de residentes, trabajadores y familiares se sucedieron durante todo el día con pancartas que rezan "Los abuelos son muebles, se reubican" y "Los trabajadores son nada, a la puta calle".
La policía llegó ayer a la residencia La Pereda. Primero la Local y después la Nacional. Hasta cinco furgones se podían contar fuera del recinto a las once de la noche. Los agentes fueron a la residencia para instar a los miembros del comité y de la asamblea permanente a que abandonaran el recinto.
Los miembros del comité habían decidido realizar un turno rotatorio en el centro, en una sala destinada al descanso de los trabajadores, para estar en todo momento informados de lo que acontece. Pero la dirección del centro no lo autorizó. El gran despliegue policial hizo que abandonaran el recinto sin incidentes. Hoy, a las nueve, volverán a la residencia.