Una casa se interpone entre una rotonda y la Ronda de la Bahía. En ella viven Narcisa y Braulio Diego, dos hermanos que se resisten a abandonarla. Tienen 83 y 78 años. No ejercen de héroes, pero piensan quedarse allí hasta que el Ministerio de Fomento les abone el precio pactado por la expropiación. El problema es que mientras ese solar no quede vacío resulta imposible completar una glorieta que ahora es semicircular, ni tampoco construirse el ramal de acceso desde el enlace de Solía a la futura autovía. Por añadidura, sin esa incorporación acabada carecería de sentido hablar de inaugurar o abrir al tráfico la S-30.
«La decisión de pagar no la tengo que tomar yo. Yo sólo la de marchar. Y eso lo haré cuando tenga el dinero». Braulio sabe que acabará por dejar la casa, que no tardará mucho en llegar ese momento. Pero la voz queda con la que cuenta los contactos y reuniones que ha tenido con representantes de las obras y de Fomento -la última, el pasado martes-, así como las promesas que le han hecho respecto al cobro del dinero, contrasta con la firmeza de su postura: «Si no pagan, no me voy».
La expropiación afecta a un caserío, un casa, una cuadra y un estercolero, así como a parte de una finca. Todo de los hermanos Diego. En total, 6.660 metros cuadrados. Apoyado en el quicio de la puerta, Braulio dibuja con la mano las líneas imaginarias de, una vez que entren las máquinas, por dónde irá el borde circular de la rotonda, el camino de acceso a las fincas próximas así como el lugar por el que pasará el ramal de incorporación a la autovía. La una atraviesa por la mitad de la casa. La otra se lleva los árboles y palmeras que pueblan y dan sombra al porche. Y la tercera, se come la cuadra.
«Aquí no quedará nada», se lamenta Narcisa. Lo saben desde hace tres años. Entonces les informaron de las obras de la autovía y de que su finca, situada en medio de la zona justo donde en el plano se dibujaba un enlace, quedaría afectada. En las negociaciones a cuenta de la expropiación las dos partes convinieron una cantidad. Y pensando en el futuro, los hermanos Diego compraron un piso en Astillero. «Invertimos los ahorros de toda la vida y se han gastado. El piso ya me genera problemas. Se debe algo más, y por no hablar de la nostalgia. Así que si no pagan... Me resisto aquí, pues marchar me genera problemas», sostiene el menor de los Diego.
«Buenas palabras»
Braulio explica que el precio por la expropiación fue pactado de mutuo acuerdo. «Sí, sí es cantidad», reconoce, pero sin desvelar la cifra que Fomento le adeuda. La tasación podría estar entorno a los trescientos mil euros, al margen de los intereses de demora. De todo ello, los hermanos sólo han percibido 8.000 euros. «Ayer estuvieron por aquí los de Fomento y los representantes de las obras», explicó Braulio en referencia la visita que les hicieron el jefe de la Demarcación de Carreteras en Cantabria y los jefes de obra de las empresas que construyen los dos tramos pendientes de la Ronda Bahía. El propósito fue volver a tantear a los Diego para que dejen libre la casa antes de cobrar lo estipulado y, de esa forma, puedan completarse las obras. «Me han dado muy buenas palabras, cierto. También me han asegurado que no me echarán, que no harán nada mientras no se me pague. Me han garantizado que es el Estado el que lo respalda, que lo cobraré pronto. Pero no me han dicho cuándo». De modo que él insiste: «No, no me marcharé con los bolsillos vacíos».
Desde el otro lado de la puerta Narcisa se queja con amargura. «¡Qué mala suerte hemos tenido! De viejos tener que coger el petate y marcharte a otro sitio». Cuenta Narcisa que lleva allí más de ochenta años y que le puede la tristeza: «Lloro solo de ver las cosa así. Lloro de pensar en que de vivir bien aquí voy a pasar a vivir mal en un piso». Hace amago de querer decir más, pero cambia de opinión. Se da media vuelta y acaba marchándose mientras del bolso del mandil saca un pañuelo: «Nos expropian y no nos pagan. Todo son problemas».
La Ronda de la Bahía (S-30), la que articulará todo el tráfico en el entorno de la Bahía desde Bezana hasta Heras tiene dos tramos pendientes. Uno, San Salvador-Parbayón, prácticamente terminado, y otro, Parbayón-Revilla, a punto. Estaba previsto inaugurarlos este verano. Pero esta vivienda y la decisión de sus moradores impide que se completen las obras justo en la fusión de ambos tramos. Y mientras Madrid demore el pago, la Ronda seguirá teniendo un problema.