Visto el juicio contra Ricardo García Seco, el excoordinador de Cantur en Nestares y Alto Campoo, por supuestos delitos de acoso y abuso sexual contra una trabajadora en 2009, la Acusación mantiene su petición de dos años de prisión por el delito de abuso sexual y de otros seis meses por el de acoso sexual. Defensa y Fiscalía, en cambio, solicitan la absolución y el sobreseimiento. Y el acusado mantiene su inocencia, una presunción para la que contó con el testimonio de Ana Abarca, a la sazón directora de Recursos Humanos de la empresa pública, quien aseguró que la acusadora le dijo en su despacho que no presentaría ninguna denuncia si le daban empleo para trabajar en la estación invernal: «No voy a la Guardia Civil si me contratan». Entre las declaraciones de los nueve testigos que desfilaron ayer por el Juzgado de lo Penal número 4 de Santander durante la larga sesión de la vista, la de Ana Abarca llamó la atención por su rotundidad.
La que fuera encargada de personal de Cantur relató que la denunciante se presentó una mañana en su despacho para contarle que, unos meses atrás, García Seco le había pasado la mano por detrás y que la había tratado de agarrar cuando estuvo en su oficina para tratar unos asuntos de trabajo. Abarca, compañera de partido de Ricardo, relató que le sorprendió que la denunciante le solicitase trabajar con quien supuestamente la había agredido sexualmente. «Me dijo que no le importaba trabajar con su supuesto acosador», relató Abarca ante la jueza, «y que lo olvidaría todo si la contrataba». Los hechos que se juzgaron ayer se remontan a junio de 2009. El día 8 el acusado había citado a varios trabajadores en su oficina del campo de golf de Nestares, entre ellas la denunciante, para informales sobre las futuras contrataciones durante la temporada de verano. Según la denuncia que presentó meses más tarde por acoso y abuso sexual contra su exjefe, la denunciante narró que cuando volvió de nuevo a la oficina de García Seco éste la pasó la mano por el hombro, la agarró de la cintura, la acarició la espalda y pretendió besarla. Ayer hizo su declaración a puerta cerrada para preservar su intimidad y protegida por un biombo que la aisló del acusado.
García Seco negó que la presunta víctima volviese a su oficina y rechazó los hechos. «Nada de eso sucedió. Yo me enteré de su denuncia contra mí en diciembre» cuando, al parecer, se entrevistó con él en Alto Campoo para pedirle explicaciones de por qué no se le había renovado el contrato. «Y cuando se marchó se fue gritando que me iba a arruinar la vida», explicó el antiguo encargado de Cantur en la zona. Esa última frase la corroboró textualmente otro de los testigos presente en la oficina de atención al cliente durante la referida conversación.
Por miedo
Declaró, asimismo, la suegra de la denunciante, quien por entonces trabajaba de camarera en la cafetería del club de golf de Nestares. Marta F. dijo que su nuera bajó de la oficina de Ricardo «con cara rara, y me dijo que la había querido acosar, que la había querido besar». Reconoció Marta que trató de disuadirla de presentar una denuncia -«Vaya lío en que nos vamos a meter», le dijo- y a preguntas de la juez señaló que lo hizo «por miedo. Además, mi hijo es muy impulsivo».
Entre los testigos de este juicio también comparecieron otros tres compañeros de trabajo de la denunciante. Una de ellas la había acompañado a la reunión con Ricardo. «Salimos juntos del despacho, pero ella se quedó atrás y llegó un poco más tarde a la cafetería», y que supo del supuesto episodio en la oficina de García Seco meses más tarde. La preguntó si pudo malinterpretar los gestos de Ricardo, del que dijo que «algunas veces pone las manos en el hombro, él es así, pero no le considero un sobón». «Es un tema muy serio y le dije que lo denunciase o se callara», le aconsejó Horacio R., otro compañero, «y me dijo que se iba a callar».