Con luces de láser y al ritmo de la Orquesta Filarmónica de Londres se inauguró anoche el Shard, el rascacielos más alto de la Unión Europea. La torre se levanta sobre un nudo ferroviario al sur del Támesis y asciende en forma piramidal para luego diversificarse en distintivas agujas que a menudo rozan las nubes o quedan ocultas entre la niebla. Es una lujosa ciudad vertical, de 310 metros, destinada a albergar oficinas, restaurantes, un hotel, viviendas y un mirador abierto al público. «El deseo no es romper récords de altura, sino respirar aire fresco. Subir para disfrutar de la atmósfera», comentó su arquitecto, el italiano Renzo Piano, autor del Centro de Arte Botín que ha comenzado a levantarse frente a la bahía santanderina.
El edificio ha alcanzado el cielo a los 12 años de su gestación. Su promotor, Irvine Sellar, se enfrentó en el intervalo a una batería de contratiempos: al pánico por las alturas -desatado tras el derrumbe de las Torres Gemelas de Nueva York- a la crisis financiera, a las protestas de los que quieren preservar la visión del río plasmada por Canaletto en el siglo XVIII y al viento que puso en peligro a los obreros que trabajaban en la fachada. Aún quedan dificultades por solventar, pero anoche el Shard coloreó los 11.000 paneles de cristal que cubren su armadura de acero y fundió en rayos de luz el resto de la capital inglesa.
Con su fachada en cristal claro, el edificio cambia de aspecto a cada momento del día, en función de la luz y posición del sol. El interior, aún sin completar, se extiende por 87 plantas que van adelgazando en su ascenso hacia el firmamento. La plataforma, con una panorámica de 360 grados a 244 metros del suelo, se abrirá al público en 2013, a unsos 28 euros por cabeza.
Piano dio el nombre a la torre al describir su boceto inicial como un 'cristal shard' (fragmento de cristal). El arquitecto del Pompidou, la nueva sede del periódico 'The New York Times' y el Centro de Arte para Santander, su primera obra en España, también ha volcado su filosofía en el diseño de un edificio cuya propiedad controla el Estado de Catar desde 2008. Es un profesional muy solicitado. En su proyecto londinense quiso romper con el símbolo de arrogancia y poder asociado a los rascacielos y levantar un edificio «afilado pero sutil, intenso y nada tímido ni arrogante». La sombra del Shard cae sobre el Támesis desde su ubicación junto a la estación de metro y ferrocarril London Bridge, en el barrio de Southwark. Es una zona en constante efervescencia que tendrá que acomodar a los nuevos inquilinos, empleados y visitantes de un edificio por el que pueden deambular 6.500 almas. Pero el tráfico rodado no se verá afectado en tanto que la torre solo tiene aparcamiento para 47 vehículos y 250 bicicletas. El transporte público será el medio casi exclusivo para llegar a la ya icónica pirámide de cristal.