«Cobro mis versos no mi pintura», le dijo José Hierro a un gestor de la UIMP tras diseñar el cartel estival de los cursos de la institución. Los poemas del autor de 'Cuanto sé de mí' bastan para mantener la llama y la huella viva del Premio Cervantes. Pero cuando se acerca la fecha de la primera década de su muerte, amigos, académicos, todos ellos lectores fieles, han decidido revisitar la memoria del poeta y del hombre, completar su perfil, adentrarse en la silueta y en la hondura de la palabra de un «hombre bueno». El encuentro 'José Hierro', inaugurado ayer en La Magdalena, hablará de su trazo de pintor y dibujante ocasional, pero prolífico y constante pese a hacerlo desde el «divertimento», y también escuchará las voces de amigos, coetáneos, cómplices que mantuvieron vasos comunicantes con ese «hombre tímido, como las hogazas rústicas, pero por dentro todo ternura como la miga de pan».
El foro de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo -la que fue su casa durante más de cuatro décadas- dejó ya en su arranque varias noticias sobre su legado, su escritura y su humanidad: La existencia de algunas señales «esperanzadoras» para que se retome el proyecto de la Fundación en Cantabria; y el estudio continuo de miles de documentos personales en manos de la familia que pueden propiciar la publicación de textos inéditos, fragmentos, estudios, incluso el caso de una novela que ya formó parte de una muestra de evocación celebrada hace dos años en Santander. 'La vida es el fin', obra que Hierro descartó, una novela con Valencia al fondo, que habla del regreso, la infancia y la idea del paraíso perdido.
Los fondos pendientes de revisar de manera pulida se cifran en 6.000 documentos, de los que un millar son autógrafos o manuscritos. «Poemas elaborados no hay, pero sí bastantes trabajos», recalcó Joaquín Hierro, caso una adaptación de 'Platero'.
Carlos Galán, presidente del Ateneo, amigo y conocedor de las vivencias del poeta, dirige este encuentro en La Magdalena que completa la muestra paralela que se exhibe hasta final de mes en el Palacete del Embarcadero. El hijo del recordado creador, que acerca el legado del autor de 'Alegría'; Luis Alberto de Cuenca y Salvador Gutiérrez Ordóñez, junto con Adolfo Estrada, Francisco Revilla, Jesús Sánchez Lobato, Joaquín Benito de Lucas y Dionisio Cañas, entre otras voces, irán reconstruyendo estos días el armazón de la poética y la palabra del poeta . El propio Pepe Hierro se 'sumará' al foro con la proyección de un vídeo en el que leía su obra. Hierro, subrayó ayer su hijo Joaquín en la jornada inaugural, nunca se planteó dejar la poesía por la pintura. Para él era «un juego, una afición, y además no se consideraba buen pintor. La pintura era para él un divertimento».
Contención magistral
El académico Gutiérrez Ordóñez, por su parte, retrató en el umbral del curso a quien considera «un icono de la imagen de la poesía nueva y uno de los más grandes poetas del siglo XX». Frente a esas «voces poéticas llenas de cánones», el filólogo y lingüista subrayó la escritura del autor de 'Libro de las alucinaciones' por haber reflejado «la realidad social desde una poesía nueva caracterizada por una contención magistral». Gutiérrez Ordóñez, que compartió las aulas de las Llamas con el poeta, dijo ayer que Hierro supo ir variando. «Nunca se asentó en la comodidad y siempre iba buscando hasta el punto que ninguno de sus libros se parecen y, sin embargo, está al fondo de todos ellos».