Una zapatería de la calle Lealtad sufrió ayer un sorpresivo robo por parte de un individuo que rompió el escaparate, se llevó el dinero de la caja registradora y huyó corriendo por este céntrico vial comercial de la ciudad, justo a la hora en la que todas las tiendas estaban echando el cierre. Pero la fuga duró poco, y el ladrón acabó retenido por un viandante que casualmente pasaba por allí.
Testigos del robo aseguran que con una «simple patada» pudo el asaltante romper el cristal de la zapatería Gaspar, que ya estaba cerrada, y entrar al interior del local a robar. Al parecer, no contaba con la presencia de una de las dependientas de la tienda en su interior, que alarmó a gritos a las personas de la calle. Gracias a esas voces de «¡Al ladrón! ¡Al ladrón!» un repartidor que pasaba por allí pudo retener al caco, que trataba de escapar con el botín, hasta que minutos después llegasen varios efectivos de la Policía Municipal y la Nacional a hacerse cargo del asunto, cuatro patrullas en total que rompieron la calma en esta calle de Santander.
Apenas unos minutos antes habían cerrado el comercio y casi todos los empleados se habían ido «a eso de las dos menos cuarto», cuentan éstos. Una mujer vio un chico joven que se acercó al escaparate y rompió de un golpe con el pie el cristal lateral de la puerta, para colarse después por el hueco.
Una de las trabajadoras de Gaspar se encontraba en ese momento «haciendo el escaparate» de la tienda contigua, comunicada interiormente con ésta, cuando oyó el estruendo que causó la rotura de los cristales. Corrió hacia la zapatería para encontrarse de frente al delincuente sacando el dinero de la caja registradora, que contenía «los cambios», explican. El individuo, al verla, «salió por patas», en palabras del responsable de Gaspar. La Policía Local ha explicado hoy en una nota de prensa que los efectivos le ocuparon entre las ropas 262,30 euros en billetes y monedas, así como dos teléfonos móviles que no pudo demostrar que eran de su propiedad.
Lejos de amedrentarse, la dependienta «se abalanzó» sobre el extraño, y, cuentan sus compañeros, que forcejeó con él tratando de impedir su huida, aunque finalmente éste consiguió zafarse de ella y salió corriendo por donde había entrado.
El asaltante, al que la chica ha descrito como «un hombre joven», y quien se deduce debería ser «menudo» para poder entrar y salir ágilmente por el estrecho hueco abierto en el cristal, se dirigió a la carrera por la calle Lealtad en dirección a la calle de Calvo Sotelo. En su recorrido fue «cazado» por un repartidor que había escuchado los gritos de alarma. La carrera del atracador se paró a la altura de la joyería Presmanes.
Colaboración ciudadana
En la calle muchos comentaban la «colaboración» de los santanderinos con el comercio local, sobre todo en casos de apuro como el vivido ayer. «Ni siquiera sabemos quién llamó a la Policía», dijeron las empleadas. Parece que sólo hizo falta una voz de la trabajadora que tuvo que encarar al caco para que los que pasaban por allí hicieran todo lo que estaba en sus manos para ayudarla. La mujer apenas tuvo tiempo para recuperarse del susto, ya que después tuvo que acudir a declarar a la comisaría.
El día, a pesar de todo, continuó con total normalidad, ya que la zapatería abrió sus puertas, como siempre, por la tarde.