El santanderino Francisco Santamatilde Pardo, fotógrafo que denunció en 1975 el deterioro de las pinturas rupestres de Altamira, ha fallecido en la capital cántabra a los 86 años. Autor de algunas importantes publicaciones sobre el patrimonio de Santander y de Santillana del Mar, Santamatilde fue el artífice de dar la voz de alarma gráfica sobre el estado de conservación de la cueva prehistórica y despertar el interés social por el problema.
La Asociación Cantabria Nuestra concedió al fotógrafo en 2003 uno de sus premios anuales. Considerado un fotógrafo excepcional, Santamatilde siempre estuvo rodeado de poetas -muy vinculado a los artífices del grupo Proel-, pintores, escultores y actores, a través de tertulias y foros. Vinculado familiarmente al escritor Manuel Arce, fue distinguido «por su sólida labor de divulgación y protección del patrimonio regional». Autor de libros de fotografía, muy celebrados por personalidades como Gerardo Diego, Guillermo Ortiz, Víctor de la Serna, José García Nieto, Carmen Conde y Miguel Ángel García Guinea, recibió el premio del citado colectivo» por «guardar para el futuro lo que fue esta tierra, y lo que hay que intentar que siga siendo».
Marino de profesión, su primera gran exposición tuvo lugar en la histórica galería Sur. Partiendo de la práctica del retrato dibujístico Santamatilde vínculó su afición a la investigación con la técnica fotográfica, seducido por la fuerza de su comunicación estética. Tras una época de retratos, obtiene el premio Bahía de Santander y abre su fotografía a una diversidad intensa de miradas. Atraído por la ilustración realizó la obra 'Santillana', libro premiado con profusión del que se encargó también de la maqueta y de los textos. Durante los años 60 obtuvo varias distinciones y en los setenta ganó el concurso de la Diputación para diseñar la obra 'Santander'. Integrante y consejero del Instituto de Etnografía y Folclore de la Institución Cultural de Cantabria, realizó para esta entidad numerosos trabajos fotográficos, literarios, de diseño y carteles.
'Santillana', laureado en 1966 como libro mejor editado y como libro de interés turístico, 'Altamira' y 'Santander' contenían algunas de las fotografías de la región que ya forman parte de su mejor patrimonio. Realizó además en 1989 las fotos destinadas a 'La Madrid' con María del Carmen González Echegaray.
Entre sus méritos cabe destacar su lucha decidida por la conservación de Altamira al ser el primero en descubrir su deterioro. «Almacén de la mejor historia regional», según destacó Cantabria Nuestra, igualmente decisiva fue su actuación contra la urbanización de la ladera de Cabo Menor en los primeros años setenta.
Comparativa gráfica
En 1975 Santamatilde encabezó públicamente la advertencia ante el grave deterioro que sufría la sala de los polícromos de Altamira. Antes un aviso de Miguel Angel García Guinea, entonces director del Museo de Prehistoria, al Patronato de las cuevas había dado una llamada de atención oficial en torno a las pinturas. Santamatilde comparó una fotografía suya de 1965 con una postal de 1975 y percibió que los tonos inconfundibles de los bisontes y de la cierva habían perdido viveza e intensidad. Consultó el tema con algunos expertos, pero su denuncia apenas caló hasta que se hizo eco de ella la publicación nacional 'Sábado Gráfico', que denunció de forma contundente: 'Altamira, una reliquia universal que se pierde' (8 de octubre de 1975).
Tras la denuncia, el Ministerio, que inicialmente se negó a aceptar la evidencia, tardó en reaccionar y en crear una comisión técnica de expertos para estudiar el caso. En 1976 la cueva se cerró ocho meses y el 1 de septiembre de 1977 se puso fin a las visitas. Tras los estudios del profesor Eugenio Villar y crearse el Museo Nacional, la cueva, ya gestionada por el Ministerio, se reabrió en 1982 a visitas limitadas.
Santamatilde Pardo, tras una década como marino mercante, decidió plasmar su creatividad con la ayuda de una máquina de fotos y la edición de libros. En los sesenta se movía en los círculos de los prehistoriadores de la región, no en vano la prestigiosa Fundación Juan March le había concedido una beca para fotografiar Altamira: «Acudía a las excavaciones y mantenía amistad con arqueólogos y con varios miembros del Patronato, hasta el punto que me encargaron que hiciera y maquetara una nueva versión de la Guía oficial del Patronato, para renovar las antiguas guías en las que apenas se usaba el color. Con tal motivo tenía acceso a todas las cuevas de la región», confesó en una entrevista a este periódico.
No fue hasta 1980 cuando se divulgo el nombre de Santamatilde. Una información publicada por un diario alemán dejaba constancia que «un fotógrafo español que conocía muy bien la cueva descubrió que los colores de los dibujos empezaban a palidecer, probablemente como consecuencia de la incesante avalancha de visitantes».