Es una de las especies marinas más fascinantes del mundo pero para contemplarla, mejor mantener las distancias si no quieres convertirte en su comida. Steven Spielberg ya nos advirtió en la gran pantalla del riesgo de navegar por el mar con un gran tiburón blanco merodeando por el agua. Pero parece que no fue suficiente. El preocupante aumento de los ataques de este animal en las costas de Australia ha llevado a las autoridades locales a plantearse ahora la revisión del estatus de protección de este gran depredador de los océanos.
«Los cinco ataques mortales -en los últimos 10 meses- no tienen precedente y suscitan una alarma enorme», afirmó el ministro de Pesca del estado de Australia Occidental, Norman Moore. La última de sus víctimas fue Benjamin Linden, un surfista australiano de 24 años, que murió el sábado pasado cuando un gran blanco de cinco metros de largo lo devoró por la mitad mientras cogía olas en una playa aislada a unos 180 kilómetros al norte de Perth.
Los servicios guardacostas aún buscan los restos del joven, mientras que la persecución de 'Brutus', como la prensa bautizó al agresor, fue suspendida 24 horas después del ataque. Moore reclamó «nuevas medidas» y «aclarar urgentemente» el estatus de protección del gran escualo. Su población ha aumentado después de casi dos décadas de ser declarada especie vulnerable, y sus ataques en Australia han subido más que en otras partes del mundo.
Las autoridades ya han ordenado sacrificar cualquier escualo que mida más de cuatro metros de largo y mantienen cerradas algunas playas. La representante de la Sociedad de Vida Salvaje de Australia Occidental, Janita Enevoldsen, opinó que la exclusión del gran tiburón blanco de la lista de especies protegidas no es la solución adecuada. Marin Garwood, experto del acuario de Sidney, destacó que los últimos ataques ponen en evidencia la mayor presencia de seres humanos en nuevas zonas marinas y apuntó que en la última década se ha popularizado la práctica de deportes de aventura, como el surf, en lugares desconocidos o poco poblados.
El Ministerio de Ambiente de Australia calculó que había menos de 10.000 ejemplares de tiburón blanco en 1990, año en el que fue incorporado en la lista de especies protegidas. El primer ataque mortal en el país oceánico data de 1791 y desde entonces se han producido 689 casos, de los que 200 han resultado mortales, según los datos de la Sociedad de Conservación de Australia.
El oceanógrafo francés Jacques Cousteau tuvo un encuentro con un gran tiburón blanco mientras buceaba con un compañero cerca de unas islas en Cabo Verde pero, para su sorpresa, el animal no los atacó sino que evacuó «una nube de excremento» y se alejó aterrado a gran velocidad. Cousteau declaró que siempre le sorprendió el «gran abismo» que divide la percepción de la gente y la realidad.