Por si en los tiempos que corren no hubiera ya suficientes vendedores de crecepelo y otras fórmulas magistrales, va el cantante adolescente Justin Bieber y se mete a asesor capilar. Del príncipe Guillermo de Inglaterra, nada menos. Justin, que de barba anda justín por no decir completamente carente, vive preocupado por la galopante alopecia del marido de Kate Middleton. Esto es lo que ha declarado en una entrevista Bieber (¿Será que 'biebe'?) «No lo entiendo -ha dicho-. No sé por qué Guillermo no utiliza ese tipo de productos. Simplemente tomando propecia te crece el pelo. ¿Por qué no hacerlo?». Perdona, Justin, ¿has dicho que simplemente tomando propecia te crece el pelo? ¿Cómo es entonces que el mundo está lleno de calvos, y no precisamente vocacionales? Entro en internet a buscar el milagroso remedio y me encuentro con protestas de ciertos consumidores que hablan de efectos secundarios tales como impotencia, descenso de la libido, depresión... Y otros síntomas siniestros capaces de echar por tierra la creencia popular de que 'Donde hay pelo, hay alegría'. Dicho que por cierto nunca he entendido muy bien pues normalmente donde hay pelo (sobre todo si es de gatos o de perros) lo que suele haber es más alergia que alegría. Pero volviendo al barbilampiño canadiense ídolo de jovencitas, haría bien este muchacho en bajar a la tierra y ponerse al día. Descubrirá que la alopecia hoy por hoy en este planeta continúa sin hallar remedio. Que antes pasará un camello por el ojo de una... Bueno, tal vez esto sea exagerar, pero desde luego antes pasará la Merkel por el aro de los eurobonos que un calvo vuelva a peinarse (salvo peluquín o injerto). Porque nuestra civilización ha sido capaz de decodificar el genoma y de encontrar agua en Marte. Sin embargo, en materia de alopecia seguimos igual. Como dice el viejo chiste, lo único realmente capaz de frenar la caída del pelo es el suelo.
Pero Bieber acaba de cumplir los 18 y de todo quiere opinar. Parece un tertuliano español. Él ha encontrado la diana (nunca mejor dicho) perfecta en el cada vez más despoblado cráneo del primogénito de Lady Di mientras otros prefieren cebarse en los maltratados pies de su mujer, Catalina, o en el inoportuno padrastro de su abuela, la reina de Inglaterra, lo cual convierte a los Windsor en olímpicamente imperfectos. Chica Bond han llamado algunos a Isabel II. Yo esa noche la vi más en el papel de 'M'. Eme de muermo, porque hay que ver la inexpresividad con la que dio por inaugurados los Juegos. Flema, lo de Mister Bean. Lo de ella fue indiferencia. En cuanto a la princesa descalza pienso que esos callos y ese amago de juanetes la humanizan. A mí ya me cae mejor. Además, viendo esa imagen se me ocurre que, por suerte para él, ya no habrá pelota que ose decirle a Guillermo: Póngame a los pies de su señora.