Rafael se pone la chaqueta de su traje goyesco del siglo XVIII. «Es de estilo rondeño». Lleva en la mano una alargada vara de membrillo. «Un toque fino, suave, no como una fusta». Cuando lo dice mira a 'Bizarro'. Caminan juntos desde los boxes hasta la Plaza de Toros, como tantas veces. «Este tiene muchos kilómetros ya. Lo he domado yo desde los cuatro años y ahora tiene diez». Van por la calle. Sin prisa. Ellos dos solos lucen con más ritmo que muchos desfiles. La montura brilla. Manuel, el mozo, la acaba de limpiar con jabón de glicerina. Pero el que más brilla es 'Bizarro', caballo tordo y con las crines gaseosas. Con el pelo de una modelo de champú. Precioso. Van a 'bailar' en la arena de una plaza que está vacía cuando entran. Verles así, con eco, ensayando ante un tendido desierto, encaja en lo que el diccionario dice que es sublime. Esa sensación -precisamente esa- es la que provoca el espectáculo de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre de Jerez de la Frontera. 'Como bailan los cabalos andaluces' llega hoy a Cuatro Caminos. El día antes del asombro y del aplauso, El Diario entró en el cuartel general de estos bailarines de cuatro patas. De estos artistas adiestrados para la perfección. Para la elegancia.
Es una cuadra improvisada. En total, 28 boxes en el aparcamiento trasero de la Plaza de México. «Traen 25 caballos y los tres huecos que quedan libres los usan como guadarnés, para las monturas, la ropa...». Alfonso Borragán lo ha montado todo. Camas de paja, hierba de Reinosa y piensos «un poco especiales». Como deportistas. «¿Y el agua?», pregunta Juan Aguilar, jefe de cuadras, mientras inspecciona el recinto. Él decide dónde colocar a cada animal. «Se huelen y alguno, a veces, se hace algún arañazo». Como los hermanos en las familias, hay quién no puede estar al lado del otro.
Cuando todo está listo, las puertas de los dos enormes camiones de color rojo se abren tras dos días de viaje con escala y noche en Chinchón -para que el viaje sea lo más cómodo posible-. «Ayer nos hizo un poquito de calor, pero ellos van tranquilos, sin problema ninguno», dice uno de los conductores. Un hotel rodante para huéspedes que relinchan. Primero, 'Senil'. Luego, 'Vedado'. 'Temático', 'Teclado', 'Violinista', 'Quinque'... Así, hasta 25. Casi todos entre el blanco y el gris (tordos y tordos 'rodaos', dicen los que saben). Pero también los hay castaños (marrones) con las crines de un negro oscuro. Descienden por la pasarela como modelos, luciendo curva y músculo.
Los cuatro mozos que los acompañan descargan las cajas con el material. En ellas está el traje que se pondrá el maestro. Nunca mejor dicho. Rafael Soto es sobrino de torero. De Rafael de Paula «que, además, es mi padrino». «Somos ocho jinetes y dos alumnos. Los cuatro mozos que vienen con los caballos y otros cuatro que viajan con nosotros, además del jefe de cuadra y una jefa comercial». Lo explica de memoria y con delicadeza mientras se viste. Con las eses del sur. «Para viaje largo, el de Sidney», les responde a los conocidos que le preguntan por el trayecto hasta Santander. A Australia fue a competir como ahora otros lo hacen en Londres. Tres Juegos Olímpicos, el del otro lado del mundo y los de Atlanta y Atenas. Ganó en Grecia una plata por equipos y un diploma a título individual.
El programa
Soto se prepara y Manuel prepara a 'Bizarro'. «Es un gran caballo. Lo monta Rafael...», apunta el mozo, como si en esas palabras fuera implícita una garantía de grandeza. «El caballo español es muy versátil», explica el jinete. Ellos son los embajadores en el mundo de una raza. Y el espectáculo que hoy presentarán en Santander es su tarjeta de visita.
«Mantenemos la doma vaquera del espectáculo original que Álvaro Domeq presentó en el año 72, la tradicional del campo andaluz». Con innovaciones. Como el número 'Ritmo andaluz', en el que esa leyenda se mezcla con los pasos de alta escuela, la que el rejoneo muestra para embellecer la presentación. En 'Al sur de la garrocha' hay giros, piruetas, arreones... Luego llega la doma clásica, un paso de tres que termina con un jinete en solitario (una amazona, en este caso). Los 'trabajos en la mano' muestran las habilidades de un caballo pensado también para la guerra. Sin jinete montado, levadas, cabriolas... «Requiere de una explosividad que estos caballos tienen». Vigor y mucha fuerza.
Cuando Soto habla del siguiente número - 'Paso de dos olímpico'- su mirada es tan expresiva como la de 'Bizarro'. Él e Ignacio Rambla (el otro jinete que sabe lo que es acudir a la cita de los cinco aros) se convierten en un espejo al ritmo de la música con la que el andaluz saltó a competir en Atenas. «Lo hemos hecho muy pocas veces». Las 'Riendas largas' y el 'Carrusel' completan un espectáculo de unas dos horas.
Para cuando termina de explicarlo está subido a lomos de su compañero ante un pasillo en el que puede leerse en lo alto 'Suerte amigos'. Al fondo, donde los cascos ya no provocan el chasquido al contacto con el asfalto, está la arena y el tendido. Silencio y soledad, aunque al verles parece que suene una música. Jinete y caballo. Soto y 'Bizarro'. Mucho arte.