Leire se iba de viaje con su novio de toda la vida, Asier, el viernes, el mismo día en el que apareció brutalmente asesinada a puñaladas en una nave industrial propiedad de su padre en Sámano, una pedanía de la localidad cántabra de Castro. La familia de la joven, de 28 años, está destrozada, decían ayer sus allegados, más aún porque conocían al autor del crimen y le habían dado empleo y vivienda: un rumano de 22 años, Staicu Vasilica, con antecedentes por agresión sexual, que se ahorcó tras acabar con la vida de la muchacha. Trabajaba de jardinero y hacía otras labores en la vivienda en la que residía la víctima con su madre y uno de sus tres hermanos.
Los agentes encargados del caso barajan varias hipótesis pero no descartan que el móvil del crimen sea pasional. Encaja esa teoría con la violencia con la que se cometió el crimen. Leire Gutiérrez-Barquín Oria, a la que su madre describía como una joven «sencilla y normal», recibió tres puñaladas, una de ellas le seccionó la yugular. Tenía serias heridas por toda la cara y habían arrastrado su cuerpo con la máquina industrial que se utiliza para transportar palés.
Demasiada violencia. El autor del crimen pudo intentar mantener una relación con la víctima y al sentirse rechazado le cegó la ira y la atacó brutalmente. Pero es solo una de las teorías que maneja la Guardia Civil.
«Sólo una relación laboral»
La familia se apresuró ayer a aclarar que entre la víctima y el empleado rumano no había más relación que la laboral. Así lo declaró un tío de la fallecida cuando acudió al aeropuerto a recoger al padre de la joven que había viajado desde Marbella. No pudo trasladarse el día del crimen hasta Castro porque no consiguió billetes.
El autor del crimen llevaba tres años trabajando para el padre. Se encargaba de cuidar los jardines y otras labores en el chalé familiar. Los Gutiérrez-Barquín Oria son de Portugalete pero tras la separación de los padres, Leire se trasladó a vivir a una urbanización de Abando, localidad cercana a Castro, junto con su madre y uno de sus hermanos.
Conocían por tanto al agresor desde que era un muchacho de 18 años. No en vano, la primera reacción de la madre de Leire cuando le comunicó la Guardia Civil quién había sido el autor del brutal crimen fue exclamar: ¡Ha sido 'el peque'!, ¡Ha sido 'el peque'! Fuentes de la investigación indicaron, además, que el autor del crimen apareció ahorcado en una vivienda unifamiliar, situada en La Loma, propiedad del padre de la joven, que tiene en esa zona un criadero de perros.
Probablemente, el autor del crimen no pudo con su sentimiento de culpa, por haber atacado a la familia que le había dado trabajo y cobijo. Por eso se ahorcó. Dejó, incluso, una nota escrita en la que pedía perdón al padre de Leire. «Fernando, lo siento», dejó escrito de su puño y letra.
Leire era ingeniero industrial y no había encontrado trabajo por la actual situación de crisis económica. Por ello, su padre le ayudó para montar un negocio en el que trabajaba en la actualidad. «Estaba llena de proyectos», se lamentaba su madre el viernes a las puertas de la nave en la que apareció muerta. Su funeral será mañana, a las 19.00 horas, en la basílica de Santa María de Portugalete.
Repulsa
El Instituto Vasco de la Mujer, Emakunde, mostró ayer su más «rotunda» condena por la muerte a cuchilladas de Leire, «a pesar de que existen dudas sobre las motivaciones del asesinato y es posible que no se clasifique como violencia de género». Asimismo animó a la ciudadanía que muestre su rechazo ante cualquier tipo de violencia que se ejerza contra las mujeres y recordó «la responsabilidad de toda la sociedad en la lucha contra la misma».