«Achicharrados como pollos». Así definía Cristóbal, encargado de la cafetería del Camping Valderredible el estado de la clientela y de los vecinos del pueblo después de que el termómetro del observatorio de Polientes marcara 41,8 grados. Fue entre las tres y las cuatro de la tarde. Al sol, el termómetro no oficial señalaba hasta 44 grados. «La única forma de combatir tanto calor es la piscina», que a aquellas horas era el lugar más concurrido de la instalación. No lejos de allí, la sombra de la arboleda en la presa junto al río Ebro, se convertía en el punto mas frecuentado de la comarca. «O eso, o en casita. Y si es de piedra, no hace falta ni aire acondicionado», señalaba la farmacéutica desde la botica de la capital de la comarca, convertida ayer en la sartén de Cantabria .
Pocas veces ha subido en Cantabria el termómetro más allá de los 41 grados. Y el registro de ayer en Polientes seguramente quedará como referencia en algún registro histórico. Junto a él, además, la anotación de haber sucedido en una de las jornadas más cálidas que ha registrado nunca la región.
Porque el resto de la región no le fue a la zaga. En decenas de localidades del interior las temperaturas superaron los 35 grados (algunos ejemplos fueron Cubillo de Ebro, Mataporquera, Reinosa, Salces, Los Tojos), y en Liébana incluso llegaron hasta los 40,9º que se marcaron en Potes a las tres de la tarde.
Sin desdeñar que en la costa buen número de localidades estuvieron en torno a los 30 grados (Castro Urdiales o Santander). Y eso que la bruma impidió en algunos puntos que el sol apretara con más fuerza, como sucedió en la franja litoral entre Miengo y Santander.
Las brumas
Fue en ese territorio donde más se notaron los efectos de la niebla que los meteorólogo denominan 'de advección'. Se trata de una condensación provocada al entrar en contacto una corriente de agua fría con un flujo de aire húmedo.
El estrato que se forma -a veces muy denso, como sucedió ayer en las inmediaciones de Parayas y de Liencres- se levanta en cuanto entra viento o se disipa a nada que apriete el sol. Sin embargo, la inversión térmica que se ha dado estos días a causa de la ola de calor, con las capas superiores del aire muy caldeadas, hace de tapón e impide que pueda escapar esa condensación.
En las inmediaciones del aeropuerto, el espesor de esa bruma fue tal que impidió y dificultó varias operaciones. Y en lugares como Liencres hizo hasta desagradable la estancia en la playa. Esa neblina impidió, por otra parte, que los termómetros señalaran por allí valores altos y se quedaran en temperatura más agradables. Muy distinto a lo que sucedió en Castro, donde llegaron a 31 grados, pero la sensación térmica fue como si estuvieran a 42 grados.
Hoy bajan las temperaturas
En lo que a Cantabria se refiere, la ola de calor concluyó ayer. Entra una cuña con aire húmedo de procedencia marítima que, además de rolar el viento, refrescará el ambiente. El cambio -y el alivio- se va a notar especialmente en el interior, donde las máximas bajarán entre ocho y diez grados. En el litoral las temperaturas caerán dos o tres grados. Las nieblas y brumas costeras darán paso a la nubosidad en toda la franja y en el interior, que estará despejado, ira cubriéndose por la tarde.