Los vecinos del barrio La Turbera, de Torres, duermen tranquilos desde el pasado jueves. Las obras que viene realizando la empresa AZSA para desviar el agua que se filtraba en sus casas desde hacía varios meses han dado sus frutos. Eso sí, el origen de ese 'río' subterráneo que amenazaba las viviendas y estaba acabando con la paciencia de sus propietarios sigue siendo un misterio, a pesar de los múltiples análisis e informes técnicos realizados.
AZSA, que explotó la mina de zinc de Reocín hasta que se cerró en 2003, recibió el visto bueno del Ayuntamiento de Torrelavega hace varias semanas para ejecutar la obra con urgencia. La actuación, que está a punto de concluir, ha consistido en la realización de una cata a mayor profundidad para canalizar el agua hacia la red de saneamiento. No se ha podido verter directamente al cercano río Saja por su elevado contenido en mineral de zinc. Los trabajos no están siendo fáciles, dada la elevada cantidad de agua que se filtra y que procede de la subestación eléctrica de E.ON en Puente San Miguel, tan sólo separada de las casas por la antigua carretera de acceso a Ganzo.
Una vez ejecutada la obra, se seguirá estudiando el origen de las filtraciones, que algunos achacan al embalse que se ha formado en Reocín tras inundarse la antigua mina. AZSA se ha comprometido a financiar los trabajos (unos 17.000 euros) y también se hará cargo de los gastos que le ocasionaron al Ayuntamiento las primeras catas.
El Consistorio realizó a primeros de junio sus dos últimas catas para tratar de solucionar el problema. Las pruebas se hicieron a petición de geólogos de la empresa minera y también participaron técnicos de E.ON y del Centro de Investigación del Medio Ambiente (CIMA). El alcalde, Ildefonso Calderón, presenció los trabajos y dijo que todas las partes implicadas están tratando de ayudar a los vecinos. Una pala excavadora procedió a realizar dos agujeros, uno en las proximidades de las viviendas afectadas y otro cerca del talud de la autovía, con el fin de determinar la estructura geológica del terreno y las variaciones del nivel freático.
Angustiados
Pasaban los meses y los vecinos de La Turbera, en el límite con Puente San Miguel, seguían sin encontrar una explicación a las filtraciones de agua subterránea que sufrían sus viviendas. Han vivido angustiados y temerosos de perder sus casas, que, en la mayoría de los casos, es su principal patrimonio. Epifanio Fernández, un jubilado de 69 años, fue quien dio la voz de alarma el pasado mes de marzo, cuando el personal encargado de limpiar las alcantarillas le advirtió de que salía «agua constante» por el desagüe de su vivienda. Fue entonces cuando empezó a investigar y comprobó que «me entraba agua limpia a chorros por todas partes».
Ahora, aunque sigue siendo precavido, muestra su satisfacción porque ya puede «dormir tranquilo» y lo primero que está haciendo es dar las gracias a «toda esa gente que nos ha ayudado».