«¡Es que el agua está buenísima!», decía ayer Alberto tras pegarse un refrescante chapuzón en la Segunda playa de El Sardinero. «¡Como nunca!», ratificaba su padre. Pero, ¿cuál es la temperatura que ofrecía ayer el mar? Pues 24 grados centígrados, según los datos aportados por la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). Tan sólo uno por debajo de algunas de las playas más conocidas del Mediterráneo, como las Benidorm, donde el termómetro marcaba ayer 25 grados. Son, las del mar Cantábrico, temperaturas «excepcionales», que tienen su origen en las olas de calor que está soportando la región, según los expertos. Nada que ver con los 18-19 grados que dificultaban el baño en los primeros días de julio. O los 17-18 que ofrecen las medias anuales. Pero es que ayer, a 20 metros de profundidad, frente a Cabo Mayor, la temperatura del agua era de 18º. Toda una invitación para practicar submarinismo.
La excelente temperatura del agua de las playas cántabras lleva ya varias jornadas siendo comentario general de todos los bañistas. Y tiene visos de seguir así porque la influencia de la temperatura de la atmósfera en el agua del mar es determinante, y las previsiones todavía ponen por delante muchos días con termómetros altos.
Este hecho, unido a la lenta pérdida de temperatura que tiene el mar, hace predecir que darse un 'cole' seguirá siendo uno de los principales atractivos para ir a la playa en las próximas semanas.
Aemet prevé para hoy, por ejemplo, que en la playa de La Salvé, en Laredo, el agua del mar alcance los 25 grados. Que la media en los arenales que ofrece Cantabria sea de 23 grados, y que la playa de La Concha, con sus 22 grados, sea la más fría.
El motivo por el que este año, especialmente en agosto, el agua del mar alcanza temperaturas extraordinarias, le sitúan los expertos en la excepcionalidad del verano caluroso que está viviendo todo el país: «Estamos teniendo un verano excepcionalmente caluroso. La temperatura del agua también es excepcionalmente alta, porque es el resultado de la temperatura exterior; con la diferencia de que la atmósfera se calienta o se enfría muy deprisa, en la media que pasan los ciclos día/noche. De un día para otro la temperatura puede bajar diez grados, pero el agua tarda mucho más en calentarse y enfriarse; tiene una gran inercia térmica».
Además, la temperatura del mar es acumulativa: «A medida que se van sumando días de mucho calor la temperatura del agua va subiendo y el mar no tiene tiempo de desprenderse de ese calor», explica Juan Carlos García Codrón, profesor de Geografía Física de la Universidad de Cantabria.
Carmen Rodríguez, experta en el Medio Marino del Instituto Oceanográfico del Cantábrico, detalla, además, que «en todos los sitios de aguas someras, con poca profundidad, el calentamiento es lógico por las altas temperaturas. Hay momentos en los que no tenemos demasiados vientos y oleajes que hacen que el calor superficial pase hacia los fondos y viceversa».
Que la buena temperatura de las aguas de las playas se alargue en el tiempo -aseguran que llegará a septiembre- la explica García Codrón: se van calentando a lo largo del verano, ascendiendo más con estas olas de calor. «Por eso , el mar, cuando mayor temperatura llega a tener es a finales de agosto y principios de septiembre».
Los expertos apuntan que, además, este verano no ha habido mucho viento, que tiende a alejar el agua de la costa y traer otra de niveles profundos. «Tenemos un agua que se va calentando y se va quedando in situ. Por esa razón está más alta la temperatura del agua en la bahía que fuera de ella, está estancada, y ese calentamiento se va sumando, día a día».