El concejal de Urbanismo de Castro Urdiales, Aitzol Zuazo (PP), anunció ayer que el Ayuntamiento ejecutará a principios del próximo mes de septiembre el derribo del edificio en ruinas de la calle San Juan que obligó a desalojar a dos familias en noviembre de 2010. Una vez que se produzca la demolición, el Consistorio se hará cargo de la rehabilitación del inmueble de los afectados, que consistirá en la ejecución de una escalera de acceso, ya que, en la actualidad, el inmueble en ruinas y el de los desalojados comparten el acceso.
El edil de Urbanismo quiso concretar ayer los plazos previstos. Hasta el próximo 3 de septiembre, el Ayuntamiento castreño recibirá todos aquellos presupuestos de empresas interesadas en ejecutar la demolición. A partir de ese día, se procederá a la adjudicación de la obra, un trámite que llevará cinco días, «y para el día 10 se podría comenzar esta actuación», que requerirá unas medidas extremas de seguridad ya que el inmueble afectado se encuentro en el corazón del casco histórico de la ciudad.
«Una vez que se han realizado los correspondientes pasos que marca la ley, y pese al retraso, podremos demoler el edificio al tiempo que se adjudican las obras de rehabilitación del edificio de los afectados, que ya veremos quién se hace cargo de ellas», apuntó Zuazo al tiempo que dejó claro que el Ayuntamiento ejecuta el derribo subsidiariamente ante la negativa de la propietaria del inmueble.
Dos años fuera de casa
María Ángeles Lazcano y su familia, y Joxean Ramos, son los vecinos afectados por el edificio que sucumbirá a la piqueta en unas semanas. Llevan casi dos años fuera de su vivienda y «la situación es insostenible». María Ángeles está en casa de su madre junto a su marido y su hijo, ambos en paro, y ha amenazado varias veces con volver a su casa ante la falta de respuestas del Ayuntamiento. «No puedo estar más tiempo viviendo en casa de mi madre. No hay quién lo aguante. O se arregla todo para el 3 de septiembre, o me vuelvo a mi casa», advierte al tiempo que se muestra preocupada por el estado en el que estará su piso dos años después. «Vamos a ver si es verdad que se derriba porque en dos años no se ha hecho nada», lamenta.
Su vecino Joxean también está «cansado» de vivir fuera de casa. Lleva desde noviembre de 2010 alojado en un hotel y dice que si no fuera por su trabajo, con el que tiene «la cabeza ocupada», se habría vuelto «loco». «Reclamaré todos los gastos cuando acabe esto, pero ahora lo que más me preocupa es entrar cuanto antes a mi casa».