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Las historias de la centralita

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Las historias de la centralita

Los operadores de Radio Taxi, testigos de horas y horas de llamadas y anécdotas

05.01.14 - 00:03 -
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Las historias de la centralita
Dos de los cinco operadores de la centralita de Radio Taxi que se turnan para atender los turnos de 24 horas. :: Roberto Ruiz

«Sí, me lo manda a la cuesta ésta que sube, que hay luego una rotonda y unos árboles». Como si les estuvieran viendo. «En una ocasión llamó alguien desde un club nocturno. Solía llamar la dueña y pedía el taxi para los clientes. Eso hizo, pero esta vez se le quedó el teléfono sin descolgar. El cliente tenía una borrachera tal que sólo se le oía llorar y a ella consolarle: 'tú, cuando tengas algún problema, lo que necesites'». Son historias del taxi. Bueno, no. En realidad de la centralita, el motor que organiza. Un poco de todo. «Ojo, que no piensen que esto es un cachondeo todo el día». Broncas, amenazas de denuncias y largos turnos recogiendo llamadas. De eso, también. «Yo he llegado a recoger hasta 1.500 servicios en un sólo turno», cuenta Rosario Carrandi, la más veterana.

Luis Toca está ante su pantalla. «Radio Taxi», repite cada poco rato (es la cooperativa del 942 333333, la que más taxis tiene en Santander). «De acuerdo». Entre esas dos expresiones, el proceso. Va dando paso a las llamadas que llegan desde las seis líneas telefónicas con las que cuentan. «Van entrando, se van recepcionando y, si tardamos en coger, es porque se acumulan entre las seis». Si el número que llama es de un habitual, le aparece directamente en pantalla del ordenador la dirección a la que suele requerir con más frecuencia el servicio. Si es nuevo o el destino es distinto, pondrá esa dirección a mano antes de dar entrada a la petición en el sistema, que servirá para asignar al taxi que la acepte en las mejores condiciones. «En verde, cuando ya han aceptado y van a recoger. Y en rojo, los servicios ya finalizados». Son cinco personas y, a una por turno, se reparten las 24 horas. Procedimiento. Pero la 'gracia' está en las historias.

Con 26 años de experiencia, a Rosario le salen solas. «Recogió uno en las estaciones. Se bajó el taxista, metió las maletas de un matrimonio que iba para Noja y listo... Cuando estaba por Maliaño llamó un compañero para decirle que las maletas sí, pero que los clientes no se habían subido». Y, como esa, muchas. «La señora que pide un taxi en Los Peligros porque se puso a llover. Se baja y coge sus cosas del maletero. Cuando cierra, el taxista arrancó con el hijo de la señora dentro. Ella fue la que llamó...». Más susto se llevó otro taxista que estuvo un buen rato paseando sin darse cuenta de una anciana impedida que no acompañó a sus dos amigas al bajarse en la dirección acordada. «¿Y qué hago con ella?», decía el conductor. Muchas confusiones. «Hay direcciones duplicadas entre Santander y Torrelavega. Casimiro Sainz, por ejemplo. Te llaman al cabo de un rato. Que no llega y que no llega... Claro que no llega».

Cosas de hace tiempo

Porque muchos clientes creen aún que llaman a los teléfonos que antiguamente había en las paradas o que son quienes contestan al teléfono los que van a ir a buscarles: «¿Cuánto vas a tardar?», «¿Ya llegas?»... Antiguamente. La cosa ha cambiado. Los que llamaban para preguntar por farmacias de guardia y hasta los que se sentían solos y buscaban compañía en los operadores de la centralita. «Sólo para hablar, para pasar el rato... Gente que se tiraba horas. Lo tenemos prohibido en la actualidad». Lo que no cambia es la colaboración habitual para llamar a ambulancias, bomberos, policías... Tienen 'muchos ojos' en las calles.

Hay clásicos. Como lo de las llamadas para reclamar objetos perdidos. Zapatos. «Ahora las niñas hacen mucho eso de cambiarse y ponerse el tacón al bajar del taxi. Pues se dejan el otro», cuenta Luis. Bolsas de compra, carteras, medicinas... Hasta ropa interior o dentaduras postizas. «Una vez se dejaron una cartilla del banco con 700.000 pesetas». El taxista fue al banco e ingresó de vuelta el dinero.

Y luego está la noche. A veces, «penosas». «Hay gente muy desfasada, que se transforma, que te insulta nada más cogerles el teléfono. ¿Broncas? Sí, sí. Que te dicen que te van a denunciar, que te amenazan». Porque no todo es de color de rosas. «Es monótono y, a veces, tantas horas aquí con este aparato agobia un poco». Un dato. Radio Taxi recogió en 2008, 977.143 llamadas, una cifra que se ha reducido paulatinamente hasta las 649.391 del 2013. La crisis, como en todas partes.

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