«El fútbol ruso no es el culo del mundo»

El futbolista, internacional con su país, trabaja en la actualidad en la secretaría técnica del Spartak de Moscú y vive en la capital rusa tras catorce años de estancia en España

ÁLVARO MACHÍN
Popov ha pasado unos días de vacaciones en Santander antes de volver a Moscú. / SANE/
Popov ha pasado unos días de vacaciones en Santander antes de volver a Moscú. / SANE

Vive rodeado de cintas de vídeo y estadísticas. Viaja por todo el mundo haciendo lo que más le gusta: Ver fútbol y futbolistas. Y lo hace para el equipo con el que, entre otras cosas, eliminó al Real Madrid de la Copa de Europa. Un Spartak en el que compartía la camiseta roja con Mostovoi, Karpin, Radchenko, Shalimov... Dimitri Popov ha vuelto a su país, pero no se olvida de su 'otra' casa a miles de kilómetros. Ha robado unos días a su céntrica oficina de Moscú para pasarse por Santander. 'Dima', fútbol entre dos ciudades.

- Catorce años viviendo en España y ahora decide volver a Moscú. ¿Por qué?

- Me hicieron una oferta que no podía rechazar. Me ofrecieron un puesto de prestigio, bien pagado y con posibilidades de crecer en el mundo del fútbol. Era irrechazable, sinceramente. Yo estaba en contacto con ellos como intermediario y en un viaje a Moscú quedé con el director técnico del Spartak y me lo ofreció. Puse mis condiciones, porque para irme de España tenían que ofrecerme algo muy interesante. No era sólo cuestión de la bandera y el escudo. Moscú es la capital más cara del mundo y yo aquí estaba muy bien. Lo hablamos y ambos aceptamos las condiciones sin problemas. Después, hice la maleta y me fui.

- Se fue de un país y de un fútbol comunista y ahora vuelve a un país y un fútbol capitalista...

- Me fui de un país que estaba destruyendo todos los restos del comunismo, con una inestabilidad política y económica enorme y con muchas incertidumbres. He vuelto a otro mundo, con estabilidad y con un contexto muy cambiado. También el entorno del fútbol ha cambiado. Por ejemplo, en la antigua URSS, cada provincia tenía su propio estilo de juego. Los del Sur -los georgianos, por ejemplo-, eran más técnicos. Los ucranianos más físicos... Hubo que organizar otra liga y el nivel bajó. El fútbol es el reflejo de un país y ha habido que esperar y conseguir dinero para recuperar el fútbol ruso. Es algo parecido a lo que ha pasado en la antigua Yugoslavia.

- ¿El fútbol es el capricho del dinero en Moscú?

- En muchos sentidos, sí. En algunos equipos han entrado empresarios y empresas fuertes. El fútbol nunca es rentable y más en un país donde las entradas cuestan tres euros y la televisión no se interesa demasiado. A los ricos les dio por el fútbol, entró el dinero, llegaron buenos futbolistas y un control más rígido porque no quieren gastar porque sí. No quieren despilfarrar. Además, el CSKA ganó la Copa de la UEFA y eso ayudó mucho. En paralelo, se construyen nuevos campos y se trabaja con la cantera, pero, de momento, es el dinero de los ricos el que mantiene todo. Abramovich, por poner un ejemplo, paga el contrato de Hiddink, el seleccionador nacional. Para el último partido ante Inglaterra, los palcos VIP costaban 3.000 euros por persona y se agotaron.

- Acaban de fichar a Wellington Suares. ¿Cómo vive un brasileño al otro lado del telón de acero?

- Los brasileños viven muy bien. El club se encarga de todo. Les buscan un piso a su gusto, les ponen chófer, traductor... Sólo tienen que jugar al fútbol y mostrar que vienen de donde vienen. Ellos se juntan, hacen grupo y no les he oído decir que echan de menos su país. Con tanta rubia por la calle...

- Pero hay muchos extranjeros que aún no quieren ir a Rusia...

- Son tópicos. Tenemos a un jugador que era capitán de la Reggina, un austríaco del Stuttgart, dos internacionales checos Ahora el fútbol ruso no es como Japón, dónde los jugadores van y se les pierde de vista. Hemos vendido a un jugador al Manchester, Vágner Love se ha convertido en titular en Brasil estando en Rusia. Nuestros equipos juegan en Europa y son competitivos. Ahí está el caso de Matuzalem en Zaragoza. El fútbol ruso no es el culo del mundo bajo ningún concepto.

- ¿Todavía escucha a Sabina mientras conduce junto a la Plaza Roja?

- Sí. Cuando me entra la nostalgia me bajo canciones por Internet. Además de Sabina, escucho a Estopa y Café Quijano y, como entiendo la letra, hasta canto, pero sólo cuando no va nadie conmigo.

- ¿Para cuando un futbolista español en Rusia?

- Hay uno. Soldevilla. Está en el Amkar, un equipo de Siberia, pero no sé si juega. No sé yo... Los buenos jugadores están muy cotizados y no se irían y los de tipo medio no sé si se adaptarían bien. No es lo mismo ir a jugar a Inglaterra que a Rusia. Un español que cobra 200.000 euros no se mueve si le ofreces 350.000. Hay apego a la familia, al entorno, al idioma... Eso en España pesa mucho. Un uruguayo, un argentino o un ruso no se lo piensan. Pero eso pasa con muchos europeos y yo lo entiendo. Para vivir, España es el mejor país del mundo.

- ¿Qué les dice a sus amigos cuando te preguntan por España, Santander, el Racing...?

- Siempre les digo lo mismo. Los que vienen, van al Sur, de turismo. Aquello no es España. Está por y para los turistas. La España más auténtica está, para mí, de Madrid hacia arriba. Los que han venido dicen que es otro país... Sobre Santander, que es la mejor ciudad del mundo. Y del Racing que es el equipo donde mejor he jugado, con tres años a gran nivel.

- ¿Y a los españoles que le preguntan por Rusia?

- Pocos me preguntan por Rusia. Si acaso, por las rusas No, en serio. Les digo que Moscú es una ciudad que merece la pena. Hemos pasado tiempos difíciles, pero estamos volviendo a ser una gran potencia. La vida cotidiana en Rusia es igual que la del resto del mundo. Eso sí, hay una gran diferencia entre Moscú y el resto del país.

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