El jugador inteligente

A. M.

Hay futbolistas que triunfan pese a su cabeza y otros que lo hacen porque su cabeza les permitió acertar. Dima Popov acertó cuando dejó el hockey hielo en su ciudad natal a una edad ya avanzada para probar por el Spartak. Fue listo para entrar en el club más grande de la antigua URSS y asumir su papel de 'currante' junto a una generación de futbolistas inolvidable. Supo salir de su país cuando se caía a pedazos y venirse a una ciudad en la que no entendía nada. Rompió con sus antiguos 'consejeros' -que le engañaron- y, pese a los problemas iniciales, fue el ruso que más rápido aprendió el idioma y las costumbres. Tres temporadas en Santander (siete goles en cada una de las dos primeras y ocho en la tercera, en la que se rompió a falta de diez jornadas), un buen olfato para los negocios (sigue la Bolsa a diario) y catorce años de estancia en España le han otorgado una formación que le permite seguir adelante con éxito. Ahora, en Moscú, está encantado si un amigo español le visita y puede enseñarle su país. Y todo, sin perder su cara de niño travieso.