El Racing se encomienda a El Sardinero

El equipo de Marcelino no pudo pasar del empate sin goles ante el líder de Segunda y se jugará el pase a la siguiente ronda de la Copa del Rey ante sus aficionados

REDACCIÓN
Tchité presiona a Helder durante el partido de ayer en La Rosaleda. / EFE/
Tchité presiona a Helder durante el partido de ayer en La Rosaleda. / EFE

Ni bien ni mal sino todo lo contrario. Esa es la conclusión que se puede sacar tras ver el debut del Racing en la edición de esta temporada de la Copa del Rey. Ni bien, porque el conjunto santanderino no supo sacar provecho ni de su superior categoría, ni de la presencia de muchos de sus habituales titulares sobre el terreno de juego y jugó un partido vulgar en el que algunos de los defectos que el equipo tiene en la Liga volvieron a salir a relucir, como es el caso de la falta de eficacia ante las portería contraria. Ni mal, porque por lo menos sacó un resultado que pude considerarse positivo, ya que el partido de vuelta se tendrá que jugar en El Sardinero y eso, visto lo visto ayer, supone una gran ventaja ante un rival que no dio muestras en ningún momento de poder superar a los cántabros.

Desde el principio

El Racing impuso desde el principio su dominio sobre un Málaga que evidenció que está en una categoría inferior y que, además, había hecho numerosos cambios respecto a su once habitual del campeonato liguero. A esta situación se llegaba más demérito de los andaluces que porque los cántabros estuvieran mereciéndoselo, ya que el juego de los verdiblancos no era, ni mucho menos, bueno.

Los de Marcelino, con un fútbol vulgar, tuvieron el encuentro bajo control, aunque, como casi siempre, las ocasiones de que dispuso para tomar ventaja en el marcador fueron escasas y, lo que es peor, el acierto nulo. En este sentido no le fueron mucho mejor las cosas a los locales que, pese a que lo intentaron en varias ocasiones, sus disparos, muchos excesivamente inocentes, acabaron mansamente en las manos de Coltorti, que ayer debutaba con la camiseta racinguista.

Los cambios de Marcelino, quizá más de los insinuados por el técnico asturiano, estaban cumpliendo, sobre todo Sergio Sánchez, que se ubicó en el lateral derecho, e Iván Bolado, que tuvo muchísima movilidad y que intentó rematar todas y cada una de las oportunidades que se le presentaron. Otros casos, como el de Szetela, estaban pasando más inadvertidos.

Pese a todo, daba la impresión de que el Racing, a nada que lo intentara -y a nada que estuviera acertado arriba- podría llevarse el partido.

Tras el descanso

Ya en la segunda parte, y aunque Marcelino puso en escena a Munitis y a Colsa, es decir, reforzó aún más la superioridad teórica de su equipo, las cosas no variaron demasiado. El equipo santanderino siguió a lo suyo. Mandaba en el centro del campo, frenaba con más o menos facilidad las acometidas de los jugadores del equipo de Muñiz y seguía intentando llegar a la portería de Arnau con peligro.

Fruto de este control fueron llegando también algunas ocasiones, como la que tuvo Tchité en una buena jugada personal que acabó con un disparo que Arnau desvió, o como los dos remates de cabeza de Jordi que, a nada que hubiera estado un poco más acertado, podría haber dejado la eliminatoria prácticamente sentenciada.

Pero para que esto sea así, para ver al Racing en los octavos de final del torneo, habrá que esperar al partido de vuelta de la eliminatoria que se jugará en El Sardinero, como también habrá que esperar para saber cuándo se disputará definitivamente este encuentro, uno más del «incongruente» calendario de la Copa. El conjunto santanderino tuvo el control, pero no acertó ante la portería rival Marcelino alineó de inicio a siete jugadores que habitualmente son titulares Tchité y Jordi tuvieron ocasiones para haber sentenciado la eliminatoria

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