«Como a Picasso, la inspiración siempre me pilla trabajando»

El creador celebra durante este año las bodas de oro de Mortadelo y Filemón

MIGUEL LORENCI
Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón. / DM/
Francisco Ibáñez, creador de Mortadelo y Filemón. / DM

Jamás soñó Francisco Ibáñez (Barcelona, 1936) que Mortadelo y Filemón cumplirían cincuenta años. Espera ahora que la pareja que alumbró en un «parto fácil» alcance el centenario «en buen estado de revista». Con el 'Gran libro de Mortadelo y Filemón' (Ediciones B) celebra Ibáñez las bodas de oro. Es una recompensa al medio siglo que se ha pasado «atado al tablero», exprimiéndose el magín para deleite de los millones de lectores que en todo el mundo se desternillan con sus ocurrencias. «Me importa un comino cualquier premio que no sea el favor de los lectores» dice un risueño Ibáñez que se confiesa «más mortadelista que filemoncista».

_¿Soñó que estos tiparracos de la TIA cumplirían medio siglo?

_Jamás. Cuando eres joven crees que llegará el Nobel o el Pulitzer. La realidad te pone luego en tu sitio y te conformas con que gusten un poco. Ahora me enorgullece que sigan como el primer día. Es fabuloso, aunque esté hasta las narices de trabajar como un loco. El nuevo reto es que cumplan otros cincuenta en buen estado de revista.

-Nacieron el 20 de enero de 1958 en el número 1.394 de Pulgarcito. ¿Un parto doloroso?

-No. Los parí en 1957 y en 1958 aparecieron en Pulgarcito. Yo tenía 21 años y fue un parto fácil. Nos ponemos estupendos diciendo que para crear un personaje se necesitan meses o años de pruebas, bocetos, dudas, idas y venidas. Todo mentira. Fue rapidito. Había que llenar una página y me metieron mucha prisa.

-¿Qué hace que Mortadelo y Filemón sigan gustando?

-El guión. Es lo más importante. En la historieta el guión es el 60% y el dibujo el 40%. Aquí tenemos dibujantes de fábula con los que se me cae la baba y a los que no llego a la altura de los zapatos. Sus dibujos podrían ir al Prado o el Louvre. Pero si el guión flojea el lector no perdona. Quiere divertirse. Para ver obras de arte ya tienen los museos. Otras claves son la actualidad y la sencillez.

-¿El secreto para no agotar la inspiración?

-Trabajar como un descosido. A mí, como a Picasso, la inspiración siempre me ha pillado trabajando. Jamás una musa me ha soplado nada a la oreja. No he visto ni una. Si se agota, si no se me ocurra nada de nada, le pego fuego la mesa y otra cosa. A limpiar parabrisas.

-Elija entre mortadelismo o filemoncismo.

-Siempre Mortadelo. Filemón es simplemente su interlocutor. Lo necesita. Lo hace más real, como Pepe Gotera necesita a Otilio, o Chicha a Tato y Clodoveo. Así que soy mortadelista.

-Mucha gente aprendió al leer y con sus tebeos ¿le emociona?

-Es un orgullo. Aunque no es cierto que aprendieran con Mortadelo. Sí perdieron el miedo al los libros, a esos bichos negros que se llaman letras. La historieta aplaca ese terror. De Mortadelo se pasaba a Guillermo, a Verne a Salgari... y así hasta llegar a Kafka, al que yo nunca llegué.