Un santoñés, en la expedición a la Isla de Pascua

Hace doscientos años, un marino de la villa, González Ahedo, tomó posesión del lugar para el Rey Carlos III de España

ÍÑIGO FERNÁNDEZ
Aspecto de las estatuas desde el mar. Los expedicionarios los confundieron con árboles. DM/
Aspecto de las estatuas desde el mar. Los expedicionarios los confundieron con árboles. DM

El 6 de abril de 1722, una flotilla de veleros holandeses comandada por un tal Roggeveen avistó por primera vez la Isla de Pascua, y le dio nombre (el avistamiento tuvo lugar el Día de Pascua). Medio siglo más tarde, en 1770, una flota española capitaneada por el piloto santoñés Felipe González Ahedo (o Haedo) desembarcaba por vez primera en el archipiélago, procedía a realizar un levantamiento cartográfico de sus costas y fondeaderos, entablaba contacto con los jefes de las tribus locales y tomaba posesión de la isla para el Rey Carlos III de España, rebautizándola como Isla de San Carlos.

Acontecimiento notable

Este hecho, que apenas se conoce fuera de los ámbitos estrictamente académicos, constituye sin embargo uno de los acontecimientos más notables y curiosos de cuantos ha protagonizado a lo largo de su historia la Armada Española.

Entre otras peculiaridades, destaca la firma de un documento por parte de todos los jefes tribales en el que estos aceptaban la soberanía del monarca español sobre el territorio. Es el texto más antiguo escrito en lengua 'rapa nui', que era el idioma que hablaban los indígenas.

La firma se produjo en la cumbre más elevada del archipiélago, hasta donde todos, marinos españoles e integrantes de las tribus, se desplazaron en procesión a fin de enclavar en aquella cota una enorme cruz de madera y una gran bandera de España.

Fue la primera y la última ocasión en que un navío de guerra español visitó la isla, ya que unos años más tarde, cuando la Corona perdió sus posesiones de ultramar, la Isla de Pascua pasó a depender de la recién constituída República de Chile, hasta la actualidad.

Fue el virrey de Perú, Manuel de Amat, quien promovió la expedición. Temeroso de que la creciente presencia de buques británicos, franceses y holandeses en las aguas del Oceáno Pacífico terminara por amenazar las posesiones españolas en América del Sur, alentó esta expedición con objeto de mejorar el conocimiento de la zona y asegurar el control de la misma.

Para ello, organizó una expediución formada por un navío de línea, el 'San Lorenzo', de 70 cañones, y una fragata, la 'Santa Rosalía', de 26 cañones. En total, 700 hombres, a cuyo mando situó al santoñés Felipe González Ahedo, que para entonces llevaba 43 años de servicio en la Armada.

La flotilla española partiría el 10 de octubre de 1770 desde el puerto de Callao y llegaría a la Isla de Pascua el 15 de noviembre de 1770. Los barcos fondearon en la llamada Ensenada de González, bautizada después por los franceses como Bahía de los Españoles.

Dos lanchas se repartieron la tarea de circunnavegar la isla, pues, no en vano, el levantamiento cartográfico era una de las misiones más relevantes de la expedición. Sus tripulantes quedaron impactados por las monumentales estatuas, que, vistas desde el mar, confundieron inicialmente con árboles.

El contacto con los indígenas no tardó en materializarse. Regalaron a los españoles plátanos y gallinas. Lo que tenían.

Estos comprobaron que «unos vivían en cuevas naturales y otros en cuevas artificiales», y «sólo los que tenían alguna autoridad vivían en chozas».

Asimismo, a su regreso, aseguraron que la población de la isla jamás rebasaba las 900 personas, ya que «la tierra no puede mantener más que aquel número de habitantes». «Quanto este número está completo, si nace alguno, matan al que pasa de sesenta años, y, no habiéndolo, matan al recién nacido».

Para completar estas averiguaciones, fue preciso que españoles e indígenas pudieran comunicarse. Aquellos trataron de entablar conversación utilizando hasta 26 idiomas diferentes, pero el esfuerzo resultó vano. Por ello recurrieron a los dibujos y los signos, con gran éxito. Antes de zarpar habían recopilado un primer diccionario de español y rapa nui compuesto por 88 palabras. Una auténtica joya que se conserva entre los fondos del Museo Naval de Madrid.

Un capitán de Vargas

La expedición de González Ahedo permaneció en la isla por espacio de varios días, con los buques fondeados en la ensenada. Y el 20 de noviembre, comprobado que no se producía ningún tipo de incidente con la población local, sino todo lo contrario, su responsable decididó enviar un destacamento a la cota más alta de la isla para fijar, allí, tres cruces de madera y una bandera de España. El responsable de este destacamento fue otro cántabro: un vecino de Vargas, capitán de fragata, llamado José Bustillo y Gómez de Arce.

Debió de ser este el episodio más espectacular de cuantos se vivieron en aquellos días, pues los soldados desfilaron hacia los cerros acompañados por capellanes y por los indígenas, quienes ayudaron, incluso, en la tarea de transportar las pesadas cruces de madera. Reunidos en la cota más alta de la isla, los militares procedieron a formalizar la toma de posesión de la isla, los capellanes bendijeron la ceremonia y los jefes de las tribus locales la respaldaron, hata el punto de suscribir un documento en el que, mediante cruces, mostraban su conformidad con los fabulosos acontecimientos que allí se estaban produciendo. Reunidos todos, alguien gritó: «¿Viva el Rey!». Inmediatamente se oyeron las salvas de fusilería, contestadas por 21 cañonazos de los navíos 'San Lorenzo' y 'Santa Rosalía'.

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