Faros para navegar... y visitar

El Faro del Pescador se encuentra listo para su apertura al público, una vez concluída la obra de rehabilitación La iniciativa europea 'At Ligth' pretende establecer una red de faros visitables, desde Escocia a España

ÍÑIGO FERNÁNDEZ
Imagen del Faro del Pescador, en Santoña. / M. DE LAS CUEVAS/
Imagen del Faro del Pescador, en Santoña. / M. DE LAS CUEVAS

El proyecto europeo de recuperación y uso público de los faros atlánticos comienza a dar sus primeros 'destellos'. La idea de establecer un itinerario turístico mediante el procedimiento de encadenar una serie de faros en una red transnacional no es todavía una realidad, pero lo será en un cierto espacio de tiempo, teniendo en cuenta lo avanzadas que se encuentran las obras de rehabilitación del Faro del Pescador, en Santoña.

En Cantabria, dos faros -La Silla (San Vicente de la Barquera) y El Pescador (Santoña)- forman parte del programa europeo 'At Light' (Atlantic Lighthouses), diseñado con el fin de encontrar utilidades alternativas para los faros y convertirlos en recursos de atracción turística. No obstante, otras dos instalaciones de las mismas características, como el Castillo-Faro de Castro Urdiales y el Faro de Cabo Menor (Santander), también han apostado por compartir su actividad tradicional con el uso público.

Los faros de Santoña y San Vicente se han integrado en el programa europeo por iniciativa del Club de Municipios de Excelencia Turística. Por su parte, tanto la rehabilitación del faro castreño como la apertura al público de la vivienda del torrero de Cabo Mayor se ha producido al margen de esta iniciativa 'bendecida' por la Unión Europea, aunque con fines básicamente similares.

Y es que la idea de que los faros puedan utilizarse como foco de atracción turística o actividad cultural, y no sólo como elementos vinculados a la navegación marítima, ha sido explorada ya, con éxito, en otros países de Europa. Quizá el ejemplo más característico sea el de la Bretaña francesa, donde faros como 'Point du Raaz' o 'Cap Frehel' reciben cada año la visita de miles de turistas.

Aunque sin tantas pretensiones, lo cierto es que para el litoral cantábrico el ejemplo bretón puede que sea el modelo a imitar, hablando de faros.

La obra, terminada

En Cantabria, el primer paso lo ha dado el Faro del Pescador, cuyas instalaciones se encuentran prácticamente listas para su apertura al público, tan pronto como concluyan los últimos flecos del proyecto de rehabilitación y transformación del inmueble.

Se han invertido 226.000 euros en la ejecución de estos trabajos y la apertura del edificio principal se producirá para la próxima primavera.

Los orígenes de esta actuación tuvieron lugar hace cinco años, antes incluso de que Santoña fuera admitida en el seno del Club de Municipios. Por entonces, sólo Laredo y San Vicente de la Barquera formaban parte de este colectivo, pero como quiera que Laredo no disponía de faro, se ofreció la posibilidad de que el programa incorporara al más próximo a la villa pejina, en este caso uno de los dos existentes en Santoña.

Finalmente, 'At Light' se configuró con faros de Irlanda, Escocia, Inglaterra, Gales, Francia, y España. Se realizó un estudio técnico, se elaboró una memoria de contenidos y se editó un libro con imágenes de todos ellos.

También se planteó, como proyecto para el futuro, la posibilidad de establecer una promoción conjunta a escala europea y, en su caso, una comercialización colectiva de aquellos que destinaran sus instalaciones al uso de albergue o alojamiento rural.

Tres fases

Esos fueron los primeros pasos. Después se acometió la rehabilitación, para lo cual fue preciso gestionar la cesión de uso por parte de la Autoridad Portuaria de Santander, titular de todos los faros existentes en la región.

Por su parte, la obra se ha acometido en tres fases, aunque la más importante y vistosa es esta última cuya conclusión se encuentra tan próxima.

La primera actuación fue el arreglo de la carretera que, partiendo desde la Playa de Berria, conduce hasta la Batería del Águila y la Punta del Pescador. Es una carretera muy estrecha, rodeada de encinas, cuyo tráfico rodado se encuentra restringido. El arreglo corrió a cargo de la Autoridad Portuaria de Santander, por importe de 82.000 euros.

La segunda fase fue menos llamativa y consistió en el soterramiento de dos torretas de suministro eléctrico.

Por último, hace dos años se acometió la rehabilitación en sí, con un presupuesto de 226.000 euros procedentes de los fondos asignados al Plan de Excelencia Turística. Gracias a esta actuación, tanto el interior del inmueble como el entorno han sido completamente remozados. El edificio ha quedado dividido en dos partes, de manera que la torre y la linterna sean de uso exclusivo de la Autoridad Portuaria, y la vivienda del torrero sea la parte que se destine al uso público.

Por su parte, el exterior de la instalación ha ganado en espacio y en belleza. Se han acondicionado balconcillos sobre el terreno y un mirador de cristal que sobresale desde la plataforma y facilita la visión de la panorámica prácticamente sobre el mar.

Sólo queda por definir el uso inmediato que se le va a dar a la instalación. Inicialmente se pensó en acondicionar un albergue, para integrarlo en la red transnacional. Sin embargo, y en la medida en que el acondicionamiento del resto de los faros se encuentra más retrasada, finalmente se ha optado por «crear un espacio expositivo», según explican Jesús Valle, concejal de Turismo del Ayuntamiento de Santoña, y Joaquín Bonet, responsable del área de Medio Ambiente.

Los contenidos de esta exposición «estarán relacionados con el mar» y habrá «proyecciones audiovisuales, en las que se muestren las distintas posibilidades turísticas y medioambientales que ofrece el Monte de Santoña».

Apertura inminente

El Faro del Pescador abrirá al público a partir de Semana Santa, con vistas a la temporada de verano. También habrá visitas guiadas con escolares, pues es el propósito «que los santoñeses conozcan este faro», según explican.

En todo caso, lo más importante es que, siglo y medio después de su puesta en funcionamiento -encendió su linterna por vez primera en el año 1864-, una de las más hermosas construcciones del litoral de Cantabria podrá ser disfrutada por todos, y no sólo por los pescadores y las gentes del mar a quienes, pese a todo, seguirá prestando su impagable servicio como guía y orientación permanente durante sus singladuras nocturnas.

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