Caro error

Un descuido en la defensa del Racing permitió al Barça quedarse con los puntos Marcelino, con un equipo de mínimos, hizo un papel digno en el Camp Nou

J. AHUMADA
El racinguista Óscar Serrano intenta regatear delante de Zambrotta. / ANDRÉS FERNÁNDEZ/
El racinguista Óscar Serrano intenta regatear delante de Zambrotta. / ANDRÉS FERNÁNDEZ

Es una pena que esas cosas sólo pasen en las películas. Por lo general, el canijo y feo termina viendo cómo le birla la chica el guapete de turno, por muy denteroso que sea. El fútbol también nos vale hoy de metáfora de la dura realidad.

El Barcelona se llevó tres puntos por la cara bonita de Henry, sin grandes alardes y con muy pocas ocasiones. El Racing, que se suponía que iba a la pira del sacrificio, hizo un papel digno, aunque pagó muy caro un error puntual.

Fijar la vista en el inminente partido ante el Athletic o reflexionar acerca de la habilidad de Marcelino para montar un equipo hasta con cuatro madelman, son cosas que pueden ayudar a digerir una derrota que no empaña la excepcional trayectoria del conjunto santanderino.

Sin complejos

El equipo juega sin complejos. Desde que Marcelino ocupa el banquillo, el equipo se ha propuesto hacer un trabajo digno, que esta temporada además se ve acompañado de resultados estupendos. Ante el Barcelona insistió en esa idea.

Ese plus que históricamente ha dado el Racing en las grandes citas animó el encuentro desde el primer minuto. Con total descaro, el centro del campo y la delantera se dedicó a incordiar la defensa local, sin grandes resultados pero con la suficiente claridad como para que no se perdiese el respeto. En la contención, fórmula solidaria, de modo que cualquier ataque del Barcelona tenía que atravesar capas de jugadores como si estuviese buscando el corazón de una cebolla.

A partir de los 20 minutos el cuadro local ya comprendió que sería necesario un esfuerzo extra, estaba claro que el Racing no había ido al Camp Nou a regalar nada. Dejó de merodear alrededor del área e intentó acercarse a Coltorti de forma más directa.

Al final no le salió tan caro el gol al Barcelona. Fue en un córner, cuando Henry aprovechó un cierto pasmo de la defensa y el portero para marcar de cabeza el 1-0. Un descuido, una avería.

Sin grandes novedades que ofrecer, el Racing volvió a la faena que tenía programada: sólo unos momentos de reajuste antes de regresar al orden de tiralíneas.

Marcelino decidió dar un meneo tras el descanso. Puso en juego a Pablo Álvarez y apostó por aumentar la presión mientras los hombres de Rijkaard se comportaban con cierta suficiencia, como si les valiese con esperar otra.

Ante la falta de acontecimientos, Marcelino realizó otro ensayo: sustituyó a Serrano, llamado a tener un papel protagonista en el próximo encuentro de Copa, por Colsa, y colocó en su lugar en la banda a Jordi. Poco después, después de un susto de Tchité, acabaría de extremo en la línea contraria, a la vez que Jorge López se transformaba en delantero. Rijkaard, por su parte, puso sobre el césped a Messi, ante el delirio de la grada.

Si lo que esperaban los aficionados es que el Barça comenzase a abusar gracias al argentino, se llevó un chasco. Su facilidad de regate y su juego alegre topó con la seriedad casi ceremonial del cuadro santanderino, dispuesto a que nadie hiciese fiesta a su costa.

El Racing pasó apuros, con un once en el que casi era Coltorti el único que permanecía en su demarcación, pero aun así aguantó el tipo y el acoso local en los últimos minutos, para ceder un partido por la mínima ante un rival que lo tiene todo.