Las cenizas del hierro

Antiguos cargaderos, lavaderos y depósitos de mineral se reparten por diferentes poblaciones de las comarcas central y oriental de Cantabria

ÍÑIGO FERNÁNDEZ
El cargadero de Orconera estuvo en funcionamiento hasta hace tres décadas. Hoy constituye la imagen más característica de Astillero. / DM/
El cargadero de Orconera estuvo en funcionamiento hasta hace tres décadas. Hoy constituye la imagen más característica de Astillero. / DM

De las entrañas de la tierra de Cantabria hace muchos años que no se extrae mineral de hierro, pero las secuelas de aquella actividad permanecen bien presentes en determinadas poblaciones de la región, además de en la memoria de las gentes.

Municipios de la zona central de la región, como El Astillero, Villaescusa o Medio Cudeyo, o de la comarca oriental, como Castro Urdiales o Santoña, conservan todavía una serie de infraestructuras dedicadas en su tiempo a la actividad minera -extracción o transporte-, pero cuyo uso fue abandonado hace décadas, cuando el negocio de la extracción de hierro terminó perdiendo su razón de ser por el agotamiento de las explotaciones.

Los viejos cargaderos de mineral, los lavaderos, los depósitos, las líneas férreas utilizadas para el transporte del hierro mediante vagonetas... Muchos de esos elementos sobreviven al paso del tiempo y, aunque fuera de servicio, recuerdan a los cántabros de hoy que algunos de sus antepasados se dedicaron a la extracción, transporte o comercialización del mineral de hierro.

Esta presencia es especialmente importante, aunque no exclusiva, en municipios como El Astillero, Villaescusa y Castro Urdiales. De hecho, la imagen más característica de la localidad de Astillero la constituye la estructura de hierro del cargadero de Orconera sobrevolando la ría. En Castro Urdiales, la presencia del cargadero de mineral de Dícido, en Mioño, representa lo más notable y emblemático de esta pedanía. En Villaescusa, el Parque de la Naturaleza de Cabárceno es, en buena parte, el resultado de una explotación minera luego abandonada. Y en sus inmediaciones permanecen en pie antiguos lavaderos, chimeneas y pilares destinados a sostener los canalones de conducción de fangos.

En definitiva, manifestaciones y restos de una compleja infraestructura que, hasta hace unas décadas, fue una importante fuente de actividad y riqueza para los pueblos de Cantabria.

En Astillero, Orconera

En Astillero hubo dos cargaderos, aunque sólo se conserva uno: el de Orconera. Su construcción fue autorizada el 17 de febrero de 1891 y las obras concluyeron el 21 de abril de 1893, según consta en el libro 'El Coto Orconera', editado por el Ayuntamiento de El Astillero en 2006 y del que son autores Gerardo Cueto Alonso y José Ajuria Ruiz.

Este cargadero tenía por objeto dar salida, a través de grandes buques mercantes, al hierro extraído de las minas de Villaescusa. El primer barco llegó el 24 de marzo de 1894 y zarpó cuatro días más tarde con 1.800 toneladas y rumbo al puerto británico de Middlesborough. Los últimos barcos -'Aurora' y 'Almirante Churruca'- lo utilizaron a finales de la década de los setenta. Su destino, para entonces, era en exclusiva las instalaciones de Altos Hornos de Vizcaya, en Sestao.

Afortunadamente, el abandono de la actividad no supuso el desmantelamiento de la centenaria estructura de hierro, luego declarada Bien de Interés Cultural (BIC), como sucedió años antes con el Cargadero de Bairds, precisamente el último que entró en funcionamiento en la Bahía de Santander, en 1923. Este se hallaba próximo a las instalaciones de Astander y era de estructura más liviana. De hecho, el mineral no llegaba hasta allí mediante vagonetas, sino transportado en una especie de teleférico o tranvía aéreo hasta el mismo cargadero de barcos.

No en El Astillero, sino en el vecino municipio de Medio Cudeyo, todavía permanecen en pié los restos del antiguo cargadero de San Salvador. Es poco lo que queda de él, pero aun pueden verse a flote, en las bajamares, las columnas que lo sostuvieron hace algún tiempo la vieja estructura de transporte de mineral.

Restos en Villaescusa

En Villaescusa, muy cerca de allí, no quedan cargaderos. De hecho, nunca los hubo. Sin embargo, la mayor parte del mineral que se exportaba por Orconera, por Bairds y por San Salvador, provenía de sus minas.

Las muestras de 'arqueología industrial' en el municipio de Villaescusa son numerosas, y muy importantes. Allí permanece el lavadero de Solía, erigido en 1894; la chimenea del lavadero; los pilares que sostenían el canalón de conducción de fangos hasta Morero; las instalaciones de Eximisa en Liaño; o la planta de concentración del mineral ubicada en Obregón.

Si alguien se propusiera algún día reconstruir la vieja actividad minera de Cantabria a modo de museo didáctico o parque temático, en Villaescusa tendría una buena parte de los elementos originales para hacerlo. Hubo otras minas en el entorno de la bahía de Santander, en municipios como Piélagos, Camargo, Entrambasaguas o Penagos, pero sin duda el más importante en volumen de actividad fue el de Villaescusa, al pié de la Sierra de Cabarga.

En la zona oriental

En la comarca oriental de Cantabria también hubo actividad minera. Fue muy modesta en Santoña y muy importante en Castro Urdiales.

En la villa de Juan de la Cosa funcionaron algunas explotaciones en los montes Buciero y Ganzo. De ellas se extraía el mineral y, mediante un tranvía aéreo similar al de Bairds, el hierro se conducía a un lavadero ubicado en las inmediaciones de las baterías militares de Galvanes, y desde este, hasta un pequeño cargadero ubicado en la entrada a la bahía de Santoña. El lavadero desapareció hace una década, pero el cargadero sigue en su sitio. No tiene uso, más allá del que le dan algunos pescadores de costa para fijar sus cañas. Sin embargo, es el último testimonio que sobrevive a la antigua actividad minera en el Monte Buciero.

Mioño y Ontón

A diferencia de Santoña, en Castro Urdiales los vestigios de aquellas infrastructuras relacionadas con la extracción y transporte del hierro son numerosos.

El más espectacular es el cargadero de mineral de Dícido, en Mioño. Hasta él llegaban las vagonetas con el mineral y desde él partían los barcos hacia el Reino Unido. Su silueta es perfectamente visible desde la Autovía del Cantábrico. Como el de Orconera, fue declarado Bien de Interés Cultural (BIC). También quedan restos de depósitos de mineral en Saltacaballo, Ontón y Baltezana, así como un par de viaductos que sostenían el trazado del antiguo ferrocarril Castro-Traslaviña, de clara vocación minera.

El fenómeno de la minería en Castro Urdiales guarda relación con el de Gallarta y La Arboleda, en Vizcaya. De hecho, forma parte de una misma realidad geológica y de un mismo proceso histórico.

La aparición del mineral de hierro determinó el desarrollo de la industria siderúrgica en la cuenca del Nervión, hasta el punto de que este es el único caso en el Mundo en que una industria de estas características alcanza semejante expansión sin disponer de minas de carbón en sus proximidades. Todo debido a la calidad del hierro. Y las minas de Mioño, de Ontón, de Baltezana... contribuyeron de forma decisiva a esta excepción.

Hoy ya nadie trabaja en las minas de hierro. Ni en Castro Urdiales, ni en Villaescusa. Pero hubo un tiempo en que lo hicieron más de 5.000 personas y, aunque ese tiempo ya pasó, acaso sea justo no dejarlo caer en el olvido. No del todo, al menos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos