El sueño roto de la Gran Serbia

La Yugoslavia que creó Tito de forma artificial y heredó Milosevic se ha desmembrado hasta quedar convertida en un rompecabezas de estados después de cruentos conflictos

J. R.
El sueño roto de la Gran Serbia

Ni en la más delirante de sus pesadillas pudo imaginar Josip Broz Tito que un enclave como Kosovo iba a servir de espoleta para dinamitar lo que quedaba de un territorio creado y mantenido de forma artificial y mano dura por él mismo: Yugoslavia. Pero al fin y al cabo no vivió para verlo. Si presenció, en cambio, el principio del derrumbe su epígono, Slobodan Milosevic, quien sobre los restos del Estado que osó plantar cara a la todopoderosa URSS, prometió fundar la Gran Serbia. Y en esa empresa la provincia kosovar era contemplada como la piedra angular, no en vano se la considera la cuna de la identidad patria.

Pero el discurrir de los acontecimientos dio al traste con tan ambicioso deseo, porque precisamente Kosovo fue la china en el zapato que hizo cojear y después paralizar los planes de Milosevic hasta llevarle ante el Tribunal Penal de La Haya, acusado de crímenes de guerra, donde falleció.

Pero así como la segregación de la provincia de mayoría albanesa ha supuesto el epílogo, Eslovenia escribió el prólogo justo diez años después de fallecer la figura que los había mantenido unidos desde el término de la II Guerra Mundial. El 23 de diciembre de 1990, el 88% de los eslovenos refrendaron una independencia que se proclamó el 25 de junio de 1991. La separación se produjo de forma relativamente pacífica, pues tras algunas escaramuzas con las fuerzas eslovenas, el Ejército yugoslavo se retiró y dejó vía libre al nuevo Estado.

Croacia y Bosnia

El ejemplo esloveno pronto despertó la envidia de sus vecinos. La llegada de Franjo Tudjman en 1990 a la presidencia croata trajo una serie de cambios constitucionales que suscitaron el recelo de Serbia. Un referéndum de independencia celebrado poco después consiguió el apoyo del 92% de los votos, lo que hizo oficial su separación en julio de 1991. Sin embargo, en esta ocasión la cosa no fue tan fácil. Tropas serbias y del Ejército yugoslavo comenzaron a mantener enfrentamientos con fuerzas croatas, lo que abocó a una guerra abierta que duró hasta agosto de 1995. El reconocimiento de la segregación por estados como Alemania, EE UU e, incluso, el Vaticano obligó a la RPY a dar su brazo a torcer en 1996.

Poco a poco el territorio yugoslavo iba convirtiéndose en un cuerpo sin miembros, aunque lo peor estaba por llegar. El 15 de octubre de 1991 el Parlamento bosnio proclamó su soberanía. Tras arduas negociaciones en Lisboa auspiciadas por la comunidad internacional, bosnios, croatas y serbios firmaron un tratado que dividía Bosnia-Herzegovina en tres cantones. No obstante, dos días más tarde el presidente bosnio Alija Izetbegovic retiró su firma y organizó un referéndum.

Los serbios lo boicotearon, pero la independencia fue aprobada con un 62,8% de votos y proclamada el 5 de abril de 1992, cuando los conflictos armados ya habían empezado y había sido reconocida por la UE y EE UU. Pero Belgrado no estaba por la labor e inició un asedio de Sarajevo que duraría hasta 1995 tras una cruenta guerra en la que las matanzas -como la de Srebrenica- y las violaciones de la población musulmana horrorizaron a la comunidad internacional. Las presiones de las grandes potencias obligaron a Serbia a firmar los acuerdos de paz de Dayton.

Macedonia ya había aprovechado que los Balcanes comenzaban a incendiarse para proclamar su independencia el 15 de septiembre de 1991 sin verter ni una gota de sangre, tras ser refrendada con un 95% de votos. Y hasta Kosovo, Montenegro había sido la última parte de la antigua Yugoslavia en decidirse a volar sola, lo que sucedió en 2006. Y eso que esta república y Serbia formaron la República Federal de Yugoslavia tras la guerra de los noventa. Pero los sentimientos independentistas de Podgorica condujeron a un referéndum de separación que se aprobó con un 55,5% de votos. El 3 de junio, Montenegro inició su nueva andadura sin la sombra de Belgrado. La Yugoslavia de Tito hacía ya tiempo que era historia.

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