El auténtico túnel de Tetuán

Muchas veces se llama, erróneamente, con este nombre a la vía que une Puertochico con Los Castros. El originario está tapado y fue construido para un tren hacia la playa

JUAN CARLOS FLORES-GISPERT
La boca del túnel en la zona de Tetuán, en la plaza de Alhucemas, tapado detrás y bajo las escaleras de acceso a Miranda. / SANE/
La boca del túnel en la zona de Tetuán, en la plaza de Alhucemas, tapado detrás y bajo las escaleras de acceso a Miranda. / SANE

Hay pequeñas historias ciudadanas que nunca desaparecen de la gran historia local, como la del túnel de Tetuán, el originario, que unía la calle con nombre de ciudad marroquí con La Cañía, en El Sardinero. Fue inaugurado el 24 de junio de 1892 y cerrado al tráfico en 1911. Aunque desde hace casi dos décadas se llama popularmente túnel de Tetuán al que une la rotonda de la calle del Sol con la avenida de Los Castros, su designación oficial es túnel de Puertochico.

En el recuerdo de miles de santanderinos de cierta edad queda aquel túnel de Tetuán por el que primero discurrieron trenes de pasajeros y, mucho después, fue peatonal por una corta temporada.

La historia del primigenio e histórico túnel de Tetuán se remonta al inicio del desarrollo de El Sardinero gracias a la familia Pombo. A ellos se debió la creación del balneario de la Primera Playa, en la Plaza del Pañuelo (hoy Plaza de Italia), la apertura del Hotel Sardinero y otras iniciativas para el desarrollo de aquellas zonas de playa en la que comenzaban a tomarse los 'baños de ola'. Y para explotar aquella zona 'casi selvática' (decían los cronistas de la época) a los Pombo les hacía falta un transporte adecuado, un tren.

Hacia El Sardinero

El tren de Pombo, o del túnel, fue el tercero de los que se establecieron en Santander. Para la construcción del trazado del tren que debía unir 'la población' (Santander) con El Sardinero se barajaron dos posibilidades. La primera, en octubre de 1888, fue de Lino Corcho Zárraga, que recibió autorización para efectuar el estudio de un tranvía a vapor desde la estación del Norte hasta El Sardinero, discurriendo por varias calles y la cañada denominada 'de Miranda', para bajar por ella a la calle de Tetuán y de aquí, de nuevo, a 'la población'.

Otro proyecto posterior, también de Corcho Zárraga, era realizar la conexión con El Sardinero a través del paseo de La Concepción (hoy de Menéndez Pelayo), llamado así porque en él se encontraba una ermita dedicada a la Virgen, levantada por los pescadores.

Venció la idea de realizar la conexión hacia El Sardinero atravesando un pequeño túnel, que debía ser construido en el menor tiempo posible. El recorrido del pequeño 'tren de Pombo' o 'del túnel' era el siguiente: partía desde El Sardinero, frente al Casino, en la Plaza de El Pañuelo, subía por La Cañía, entonces Alameda de Cacho, llamada así por el apellido del propietario de numerosos terrenos en esa zona, en donde se situaba, ya entonces, la famosa fuente. Por la Alameda de Chacho penetraba el tren por el túnel, salía a la calle de Tetuán, para llegar a Molnedo (Puertochico), entrar por Peña Herbosa, Daoíz y Velarde, pasando por delante de la iglesia de Santa Lucía, bajar por la calle de El Martillo (hoy Marcelino Sanz de Sautuola) y, efectuar el cruce de vuelta al llegar a la esquina del Muelle, donde se sitúa la sede central del banco Santander.

Perforación del túnel

La mayor dificultad para la inauguración de esta conexión de tren hasta El Sardinero fue la perforación del túnel. Los trabajos se iniciaron al tiempo por los dos extremos, La Cañía y Tetuán, en octubre de 1890. El 11 de febrero de 1892, con la explosión del último barreno, quedaron unidas las dos partes del túnel. La obra duró tan sólo año y medio. Por la tarde del día 11, periodistas e invitados atravesaron a pie el túnel, con iluminación de linternas y embadurnadas sus botas de barro, comprobando que todo estaba a punto, a falta sólo de colocación de los raíles del trazado.

A primeros de marzo se terminó la línea que debía discurrir por la calle Daoíz y Velarde, frente al número 5, en los arcos de Dóriga, donde estaba instalada la estación y oficinas del tren del túnel. El tranvía ejecutaba la maniobra en el apeadero concedido por el Ayuntamiento en la calle Martillo, marchaba hacia Peña Herbosa y subía por Tetuán, entrando por el túnel, saliendo a La Cañía y llegaba hasta el Casino, frente al cual se levantó una pequeña estación con sala de espera.

'Trenuco' a vapor

El 13 de junio de 1892 pasó por el túnel el primer tren de prueba, con un solo vagón, y el día 23 un convoy con invitados inició el recorrido en la Iglesia de Santa Lucía tras ser bendecido por el párroco. El trayecto finalizó en El Sardinero, donde los primeros viajeros fueron obsequiados con un lunch.

La inauguración del servicio al público se celebró al día siguiente, 24 de junio de 1892, festividad de San Juan, en homenaje a Juan Pombo Conejo, el prohombre que creyó y desarrolló El Sardinero, fallecido tres años antes, el 27 de mayo de 1889. Sólo pudo estar presente en los primeros trámites de la construcción del túnel para el tren a El Sardinero, empresa que llevaron a cabo sus hijos, César y Arturo.

La compañía de Pombo compró quince coches, parte para el verano, parte para el invierno y tres de primera categoría, tapizados en terciopelo encarnado. La apertura del túnel fue uno de los grandes logros de la época, pues permitía un cómodo y rápido transporte desde el centro de la ciudad hasta las playas, cuyo uso comenzaba a desarrollarse.

Los hermanos Pombo, herederos de la gran fortuna familiar conseguida por su padre, socios de Lino Corcho en la empresa del túnel, tenían en la sangre el espíritu emprendedor paterno. Para ellos, ejecutar y desarrollar el proyecto hasta El Sardinero fue un gran reto empresarial, pues acortar la distancia era la única ventaja que tenían ante su máximo rival, Santos Gandarillas, que ya entonces tenía una línea regular con El Sardinero, que circulaba por los denominados prados de San Martín, lo que posteriormente sería la Avenida de la Reina Victoria.

La despedida

El 'trenuco' a vapor que pasaba por el túnel de Tetuán tuvo gran éxito y sucumbió con la llegada de la electricidad. En 1908 las diversas líneas de transporte urbano de viajeros de Santander habían comenzado a electrificarse, sustituyendo la energía animal y de vapor por la nueva, que era moderna y limpia. El tranvía de Miranda fue electrificado el 27 de julio de 1912 y el tranvía a El Sardinero que iba por la costa incorporó la electricidad el 21 de julio de 1912.

Pero el tren de Pombo no pudo incorporar la electricidad por carecer el túnel de las medidas de alto y ancho indispensables para el paso de los 'troles' y los coches en dos direcciones. El servicio fue suspendido a finales de 1911.

Hubo propuestas para conseguir restablecer el servicio: iluminado el túnel con gas y construyendo una acera de dos metros de ancho a uno de los lados para su tránsito a pie. Como la idea era que circularan vehículos de transporte en ambas direcciones se preveía acondicionar unos apartaderos donde poder estacionar un vehículo mientras cruzaba el otro en sentido opuesto. La propuesta fue rechazada y en 1917 el gobernador dio traslado al Ayuntamiento del expediente resolviendo la caducidad de la concesión.

Las bocas del túnel llevaban ya varios años cerradas y se llegó a temer por la salud pública por propagarse enfermedades, debido a este túnel sin servicio. Se habló, de que por falta de mantenimiento pudiera hundirse. Nada de eso ha sucedido.

Paso a pie a El Sardinero

No se tiene noticias de que el túnel fuera de nuevo usado hasta la Guerra Civil, como refugio de los bombardeos. Volvió a reabrirse en los años cincuenta del siglo XX como paso peatonal desde Tetuán hasta El Sardinero.

Lo recuerdan muchos santanderinos que pasaron por él, acortando el camino a pie hasta las playas. Manuel Soto lo recorrió: «el túnel de Tetuán era peatonal en los años cincuenta. Era corto y estrecho y se ahorraba mucho en el recorrido hasta El Sardinero. Salía por la zona trasera del hotel Santemar, detrás del restaurante El Internacional, aproximadamente. Era una buena fórmula para llegar hasta las playas a pie. Quizá podría reabrirse». Manuel Álvarez también pasó por el túnel en su niñez, en verano camino de la playa. «Mi abuela -recuerda- vivía en Tetuán y los niños íbamos a El Sardinero por el túnel. Se notaba la humedad en el ambiente, muy fresco. Estaba lleno de goteras y la calzada con muchos baches. Era un recorrido corto y en unos cinco minutos estabas en La Cañía, donde no había casi construcciones, ni esos grandes edificios de pisos ni aceras... eran todo praos. El túnel era un gran atajo a El Sardinero sin subir a Miranda para bajar a la playa.

Otro usuario infantil de aquel pequeño y antiguo túnel fue Antonio San Emeterio. «De niños -explica- íbamos a jugar al túnel y rompíamos las bombillas que el Ayuntamiento reponía para iluminar el paso. Mientras mi madre estaba en el lavadero de la calle Tetuán, que se conocía popularmente como 'el río', los niños nos metíamos en el túnel, donde no había peligro alguno y pasábamos de Tetuán a La cañía en un momento. Era las épocas de las bandas infantiles, como 'los Caromas' y 'los Aguadores' que hacían hurrias contra nosotros, los chavales de Tetuán y San Martín».

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