«En las barras de los bares los tonadistas se retaban a cantar»

MAXI DE LA PEÑA
La casa de Aurelio Ruiz es un auténtico museo. / JOSÉ LUIS RAMOS/
La casa de Aurelio Ruiz es un auténtico museo. / JOSÉ LUIS RAMOS

Hijo de otra leyenda, este santanderino de 83 años ha cantado en Cuba y en México Todavía en activo defiende la dignidad de la música tradicional de Cantabria El cantante de Azerbaiyán, Alim Qasimov, cuenta con el aval de la Unesco por haber dado conocer al mundo al canto mugham, meta étnico y musulmán. Las archifamosas Voces Búlgaras cantan sobre las rosas en primavera y los trabajos de campo, o la zimbabuesa Stella Rambisai toca la m'bira (parecida a la kalimba) mientras evoca con su voz los paisajes del este africano. Aurelio Ruiz canta sobre los pasiegos, las castañas, los viajes a Torrelavega del siglo pasado y en definitiva, del modo de vida rural. Como dijera Béla Bartok, uno de los creadores más importantes de la música del siglo XX «los motivos básicos y las fórmulas rítmicas de los cantos populares húngaros fueron determinantes en liberarme de los doce tonos del sistema tonal. Esto ocurre con todas las músicas tradicionales del mundo». El santanderino Aurelio Ruiz, de 83 años, podría ser un Antonio Mairena de la canción montañesa, un artista de referencia que odia que le digan «los ignorantes de turno» que canta 'moñigadas', vulgo de boñigadas.

-Vive en la calle que lleva el nombre de su padre. Todo un privilegio al alcance de pocos.

-Es una alegría total. No es normal vivir en la calle que tiene el nombre del padre. La iniciativa surgió a principios de los 60 por parte del Coro Montañés 'El Sabor de la Tierruca'. Aurelio Ruiz Crespo, mi padre, fue uno de sus fundadores en el año 1923 y el coro fue muy popular dentro de Cantabria. La Corporación del Ayuntamiento de Santander acordó por unanimidad esta mención en su callejero. Recuerdo que el acto fue muy emocionante ya que incluso vino una banda valenciana, de la localidad de Lidia.

-Como ocurre con mucha frecuencia en el flamenco, su familia ha formado una estirpe artística.

-En la época de mi padre, en los años 20 y 30, sobresalieron media docena de grandes tonadistas. El número uno era él. Tuvo un bar en el antiguo Palacio Macho, frente al Mercado del Este, y en los bajos había un local donde ensayaba el grupo del Marejote. Le hablo de 1933 y 1934, en la II República. Me gustaba escucharles porque ya a los 7 años tenía una vocación prematura para la música. Formé parte del coro de voces de los Salesianos y fui su voz solista. Me acuerdo de don Rómulo y de aquellas canciones sacras. Pero realmente lo que me gustaba era la canción montañesa. Tuve dos tíos que lo hacían muy bien y ahí está mi hijo Sito que formó parte de Altamar y Bohemia, pero que ya no se dedica a la música profesionalmente.

-¿Fue su padre su gran referencia?

-Sin duda. Amaba lo que hacía y cantaba de maravilla, pero cuando estaba en su mejor momento estalló una guerra que nos desquició a todos. En 1936 dejé el colegio, porque el edificio de los Salesianos fue utilizado como cárcel por el bando nacional. Mi padre entró preso porque era republicano. Estuvo cuatro años en cautiverio y no salió bien de salud. Estaba muy deteriorado física y moralmente. No volvió a cantar. En 1949 murió de cáncer de estómago. Mi padre difundió la canción montañesa en Madrid, Sevilla, Cuba. Tengo guardadas las reseñas de la prensa de la época, Aquello fue grandioso.

-Rivalizaba con Sierruca y Sara Ortega, dos auténticas leyendas.

-Eran todos figuras. Manuel Sierra 'Sierruca' era otro fenómeno. También Sara Ortega como dice usted. Todos había nacido en Santander y grabaron discos de pizarra.

-¿Existen diferentes escuelas de canto montañés?

-Se distinguen la de Torrelavega, con más potencia de voz; la de Campoo es más monótona, mientras que la de Santander es la más brava y viene de la región. En la capital varía la pronunciación, básicamente. Yo diría que en Santander se extendió el fenómeno de los cantantes de tasca, de tiendas mixtas. En las barras los tonadistas se retaban a cantar. Fueron unos tiempos irrepetibles.

-¿Qué término se debe emplear, tonadista o cantante a secas?

-Siempre me ha gustado cantador de tonadas montañesas. Tonadista tampoco está mal.

-Y usted ha cantado en Cuba y en México. ¿Cómo fue recibido?

-Muy bien. En Cuba estuve tres veces. En 1993, la primera vez, por el hermanamiento de Torrelavega con la Casa de Cantabria de La Habana Vieja. En 1994 en el Teatro Mella, del que me hicieron socio de honor y el año pasado en el Teatro América donde canté como solista con el Grupo de Danzas Covadonga de Torrelavega 'Para castañas, Ocejo', 'Si vas a Torrelavega' y 'Los que bajan a Ontaneda'.

-Me gusta mucho 'Para castañas, Ocejo'.

-¿Sí?

-Se podrían hacer cosas muy novedosas con el folclore cántabro. Béla Bartok se empapó de música húngara, tan rural o más que la nuestra. ¿Y en México que pasó?

-Actué en 1983 en el Centro Montañés de México D.F. en una convención de casas regionales españolas. Los emigrantes cántabros añoran mucho su tierra y se emocionan con las canciones que recuerdan de cuando eran pequeños.

-Usted suministraba verduras, lechugas y tomates al Hospital Valdecilla de la huerta de su casa, detrás del antiguo cuartel de María Cristina. ¿Era su modo de vida?

-Yo he vivido de eso durante más de cincuenta años. Cuando estalló la guerra civil tuve que dejar los estudios y era el mayor de seis hermanos. Mi padre faltó durante cuatro años y en cierta manera me hice cargo de la familia. Decidí dedicarme a la horticultura. Allí detrás de María Cristina, que antes eran prados, plantaba semilleros, cultivaba flores en escala, lechugas, repollos, tomates, zanahorias, puerros, de todo. Durante 29 años estuve suministrando a Valdecilla estos alimentos.

-Es el más veterano cantante de tonadas montañesas que queda en activo en Cantabria.

-En realidad, es así. Desde 1947 me dedico a esto y ese mismo año gané en el certamen de Reinosa. No podía ir a todos los concursos porque debía ocuparme de la huerta. Ensayaba con una atomizadora para sulfatar los tomates mientras hacía ruido el motor. Todavía a mis 83 años cojo unos tonos altos.

-Pero ya se prodiga poco.

-No me gusta salir de noche. Desde hace cuatro años no me va. He cantado hace unos días en los Salesianos, en los actos del centenario del colegio, y hace un mes en el Certamen de Canción Popular en el Teatro de Caja Cantabria.

-Hizo un dúo histórico con El Malvís, el encuentro de dos grandes y de dos generaciones.

-Aquello tenía que haber tenido más repercusión en la prensa. Si cantamos en Torrelavega salimos a hombros como los toreros, porque hay más pasión por la canción montañesa. Quedó muy bien 'Madre, cuando voy a por leña'. Ya lo habíamos hecho antes en el Palacio de Deportes ante 7.000 personas con el público aplaudiendo a rabiar. El Malvís es un fuera de serie, tiene una voz muy buena.

-Dígame varios nombres fundamentales del folclore regional.

-No sería justo. Ha habido muchos y hay muchos. Todo el que cante 'lo regional', todo el que toque un instrumento y haga música de Cantabria me merece el máximo de los respetos.