Veinte años no es nada

El día 17 se cumplieron dos décadas del derribo del viejo Sardinero. Cuatro máquinas excavadoras y una flota de camiones redujeron 75 años de historia futbolística a 50.000 toneladas de escombros

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Las tareas de derribo de los viejos Campos de Sport del Sardinero se prolongaron durante doce días. Luego de eso, el estadio cedió su sitio a la nada./
Las tareas de derribo de los viejos Campos de Sport del Sardinero se prolongaron durante doce días. Luego de eso, el estadio cedió su sitio a la nada.

Es una de esas fechas que recuerdan acontecimientos relevantes que ya nadie recuerda pero que está bien recordar. Sobre todo por lo que ayudan a la hora de rescatar de la mente momentos que se pensaban ya destruidos. Verlas, y acordarse, es verlas y abrir una ventana al pasado para mirar cómo se era, dónde se estaba, qué se hacía.

La del 17 de junio de 2008 representó el vigésimo aniversario del derribo de los viejos Campos de Sport del Sardinero, un emplazamiento de culto futbolero al que cientos de miles de cántabros venidos de varias épocas confiaron sus emociones durante casi ocho décadas y que esa mañana quedó reducido a 50.000 toneladas de escombros por los que se abrió camino el Parque de Mesones.

Los viejos Campos de Sport de El Sardinero se inauguraron oficialmente el 16 de febrero de 1913 con la celebración de un torneo al que un grupo de jóvenes que solían reunirse para jugar al fútbol en la plazuela de Pombo se presentó con el nombre de Racing Club, y se clausuraron definitivamente el 15 de mayo de 1988 con la disputa de un partido de Liga de Segunda División en el que no hubo goles. Racing 0 - Granada 0.

Entre ambas fechas, 75 años, una vida que comenzó a reducirse a escombros la lluviosa mañana del 17 de junio.

A primera hora, a las ocho en punto, cuatro excavadoras y una flota de camiones empezaron las tareas de demolición del estadio, que empezó a perder sus formas con una celeridad impresionante. Primero una, a continuación otra, después otra y luego otra... las cuatro tribunas fueron cediendo al empuje de las potentes máquinas y llenando de cascotes y hierros una hilera de camiones que con la misma prisa con la que se marchaban repletos regresaban vacíos para volver a la carga.

Aquel circo futbolístico que cobijó en su regazo tantas alegrías como penas empezó a desangrarse por las tribunas de Gol y General, que, mediada la mañana, habían desaparecido con las gradas Norte y Sur. Antes de que la noche cayera, las tribunas de Preferencia y Principal ya eran también historia.

Durante ese y los siguientes 12 días, 'Dragados y Construcciones', la empresa encargada de la demolición del estadio, se afanó para hacer del viejo Sardinero un solar. Literal.

Para lograrlo, procedió, por este orden, a la demolición de las tribunas situadas detrás de las porterías y de la cubierta de Preferencia. Una vez despojada del graderío, esta última ubicación -que era la más populosa de todo el recinto- fue eliminada. La Principal, la más moderna, fue la última en desaparecer porque sus características, tan especiales, lo recomendaron de esa manera.

Aquella tribuna estaba formada por una serie de pórticos -unidos por vigas- que soportaban el graderío. Para derrumbar esa estructura, los operarios decidieron eliminar las vigas individualizando, de ese modo, los pórticos. Posteriormente, con un martillo hidráulico, debilitaron sus bases. A continuación les desgajaron uno a uno valiéndose de un tractor de 100 toneladas. Y, por último, amarraron un cable grueso a la zona central de los pórticos tirando de ellos con aquel tractor. El procedimiento utilizado para echar abajo esa última parte en pie concitó a muchísimos curiosos, que no se quisieron perder una maniobra tan espectacular como aquella.

Un córner, un símbolo

Se moría, así, el último trozo del estadio. A sus pies, nacía un solar que el Ayuntamiento de Santander convirtió aquel mismo verano en un recinto para esparcimiento de sus ciudadanos y los turistas. Es lo que hoy se erige, florido, como el Parque de Mesones. Y donde los viejos Campos de Sport tienen su tumba. Con su lápida. Emboscado en zona cultivada, uno de los córners del estadio -el más alejado a 'Feygón' y el más cercano a nuestro mar Cantábrico- recuerda que un día hubo allí un campo de fútbol y, por tanto, sensaciones, emociones y sentimientos provocados por alegrías o por tristezas, por grandes satisfacciones o por enormes decepciones. Y vida. Mucha vida.

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