El arca del 'dream team'

Cesc capitanea la nave bajo el diluvio de Viena para fulminar a Rusia y meter a la selección en una final de la Eurocopa por tercera vez en su historia

IVÁN ORIO
Los jugadores españoles festejan por todo lo alto la victoria ante Rusia. / EFE/
Los jugadores españoles festejan por todo lo alto la victoria ante Rusia. / EFE

Cesc Fábregas capitaneó anoche el arca del 'dream team' español para navegar con viento a favor bajo el diluvio de Viena, superar a Rusia y meter a la selección en una final de la Eurocopa por tercera vez en su historia. Cómo movió el timón el centrocampista del Arsenal cuando las aguas bajaban turbulentas y cómo le entendieron los oficiales Xavi e Iniesta para que el equipo nacional se diera un baño de gloria en el Ernst-Happel.

¿Quién dijo que estos tres futbolistas no pueden jugar juntos! Los minutos que compartieron en el césped son para enmarcar, una exhibición de colocación, velocidad y precisión en los últimos metros que permitirán a la 'roja' disputar el torneo a la poderosa Alemania. Han pasado nada menos que dos décadas desde la final perdida en París y desde la que se ganó en 1964 con el mítico gol de Marcelino.

España bailó bajo la lluvia a Rusia y mantiene vivo un sueño que empezó a fraguarse en la tanda de penaltis ante Italia y que ayer se materializó en la segunda parte con un fútbol de fantasía que alcanzó su grado de máximo esplendor en el toque de Cesc que sirvió a Güiza para matar el partido con el segundo gol.

Arte en estado puro de un 'crack' que, no contento con su obra maestra, le dejó después en bandeja el tercero a Silva con otra pincelada de talento. El director del Arsenal siempre ha dicho que su momento llegaría, aunque saliese desde el banquillo. Lo peor es que tuvo que sustituir a un lesionado Villa a la media hora de partido, pero, lo que es el fútbol, fue volver al esquema de un solo delantero y la selección se apoderó de la pelota para mimarla como nadie.

Bien Luis

Luis Aragonés ha encontrado su 'dream team', un grupo al que nadie cuestionaba su calidad pero que ha aprendido a leer los encuentros y también a competir, dos de las carencias que habían llevado a España a naufragar en las grandes citas. Le pasó en el Mundial de 2006 ante Francia y, desde entonces, la labor pedagógica del 'Sabio de Hortaleza' ha dado resultado. Se comprobó ayer ante el equipo de Guus Hiddink. Cuando la selección logró abrir la lata con la conexión Iniesta-Xavi, supo esperar con paciencia su momento para dar la puntilla. Cesc volvió a gobernar el barco y sus instrucciones fueron precisas: sólo había que arriesgar el balón si las opciones eran claras. Y, cuando España las vio, se fue a por todas sin dudarlo para dejar el puerto de las semifinales y buscar ya amarre en otro aún más importante, la gran final del domingo.

Desde la primera fase se comprobó que este grupo tiene duende. El 'hat-trick' de Villa a Rusia, el gol en el descuento a Suecia, la eliminación de la campeona del mundo... La suerte, siempre esquiva, estaba esta vez de cara. Pero nadie llega a una final sólo con golpes de fortuna. La clase siempre había estado ahí, pero faltaba ese ingrediente fundamental que caracteriza a los equipos inscritos en el club de los más grandes: la fe inquebrantable en sus posibilidades.

España se creyó desde su debut que había llegado la hora de hacerle un regate a la Historia y recuperar el honor de un fútbol que nunca había estado donde realmente se merecía. Sin duda el trabajo de mentalización ha funcionado y ya sólo queda un escalón, eso sí, el más complicado, para dar la campanada en Austria y poner el broche de oro a una Eurocopa memorable.

La regularidad ha sido otro factor clave en el éxito. Los amistosos previos al torneo había encendido las alarmas y éstas se apagaron ya desde el debut cuando Puyol y Marchena, los futbolistas más cuestionados en aquellos partidos, demostraron que habían aprendido la lección. Su rendimiento en Austria ha sido intachable. El malagueño del Valencia estuvo anoche soberbio, una excelente noticia de cara al domingo. Sergio Ramos también se ha enchufado, al igual que Xavi y Silva. Senna sigue inmenso y quizás a Torres le falte un punto de protagonismo.

Cómo disfrutaron todos de la victoria junto a una afición entregada que ha recuperado la ilusión perdida tras años y años de desengaños. La lluvia aún caía con fuerza sobre Viena cuando los internacionales se retiraron a los vestuarios para una celebración más privada. Se fueron en formación detrás de Cesc, el capitán que guió al 'dream team' en el diluvio de Viena. Luis Aragonés supo leer a la perfección el partido y acertó con los cambios