Adiós al guardián de los Picos

El viernes murió Mariano Sánchez, el guarda que salvó vidas durante los 25 años que permaneció en Cabaña Verónica

LETICIA MENA
Mariano sentado en el exterior de Cabaña Verónica y al fondo, el Pico Tesorero, donde el sábado esparcirán sus cenizas. / ANDRÉS FERNÁNDEZ/
Mariano sentado en el exterior de Cabaña Verónica y al fondo, el Pico Tesorero, donde el sábado esparcirán sus cenizas. / ANDRÉS FERNÁNDEZ

«Estoy porteando. Volveré en seguida. Mariano». Estas son las palabras que, sobre una placa en Cabaña Verónica, dejarán constancia de que allí vivió un hombre que se dejó la piel por y para los montañeros. Si 'Cioli' es conocido en Cantabria por salvar vidas en el mar, Mariano lo era por hacerlo en los Picos de Europa. Pero Mariano ya no volverá a Cabaña Verónica cargado de bombonas de butano, garrafas de agua y víveres. Un cáncer le alejó de allí hace poco más de un año y, aunque él pensaba que lo había superado, el pasado viernes le quitó la vida.

Murió pensando que tenía una «maldita infección» pero siempre pensó que se curaría y volvería a subir por la senda de Hachero hasta Cabaña Verónica. Y aunque no podrá hacerlo a pie, sus amigos de la Federación Cántabra de Deportes de Montaña y Escalada subirán sus cenizas hasta allí el próximo sábado. Esa era una de sus voluntades y el grupo de montañeros que en los últimos meses se convirtió en su familia, la harán realidad. Quedarán a las nueve y media de la mañana en Fuente Dé, subirán Cabaña Verónica donde descubrirán una placa labrada con la letra de Mariano y después al pico Tesorero, desde donde lanzarán sus cenizas. «Así podrá vigilarlo todo, como él solía hacer, y verá Cabaña Verónica a diario», dicen desde la Federación.

Quienes hablan de él lo hacen como si siguiera vivo, «como a él le gustaría que se hiciera». Era un hombre fuerte, algo peculiar, que consiguió ganarse a todos los que en algún momento pusieron un pie en Cabaña Verónica, un refugio que le quitó el sentido hace casi 28 años. Sus días transcurrían entre la libertad que le concedían los 2.325 metros de altitud a los que se encontraba y la «esclavitud elegida» de los nueve metros cuadrados en los que organizó su vida. Mariano tenía 58 años y «muchos secretos que contaría a los niños del colegio de Potes cuando se jubilara».

Un compañero

Mariano tenía una radio con la que estaba en contacto con el Grupo de Rescate Especialista en Intervención de Montaña de Potes, y ayer, el jefe de los Greim, Francisco Caso, apuntaba que todo lo que podía decir de Mariano era con un gran sentimiento de gratitud. «Desde el ámbito personal era un amigo de todo aquel que pasaba por allí. Siempre te atendía sin reparos, te ofrecía un caldo cuando hacía frío Era un gran compañero». Pero Caso va más allá al reconocer que Mariano era «un socorrista más. Siempre estaba en el lugar adecuado, oía a quienes pedían auxilio, tenía un conocimiento excepcional de la zona Se involucraba como el que más en cualquier accidente y no se iba hasta que se solucionaba».

Los que subían a Cabaña Verónica buscaban sobre cualquier peñasco a un hombre de mediana estatura y piel curtida que vigilaba los Picos con unos prismáticos. De alguna forma, el sábado volverá allí.

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