El radio de acción de los osos pardos se amplía en la comarca de Liébana

El aumento del censo de la especie les obliga a moverse hacia zonas como Cabezón y el Valle de Bedoya, donde hacía décadas que no se les detectaba

VIOLETA SANTIAGO
Imagen reciente de un oso pardo en la Cordillera Cantábrica. / DM/
Imagen reciente de un oso pardo en la Cordillera Cantábrica. / DM

Todavía no se le considera muy asentado en la zona, pero el oso pardo, que siempre ha estado presente en Liébana, ha ampliado en los últimos tres años su radio de acción en la comarca. Hasta ahora la presencia de los plantígrados era frecuente en torno a pueblos como Ledantes o Barrio, en el municipio de Vega de Liébana, y también en Pesaguero, comunicado por el monte con la zona anterior. Pero en los últimos tiempos los osos han 'cruzado' la carretera Ojedo-Piedrasluengas y se les ha detectado también en el llamado 'valle estrechu' de Cabezón de Liébana y en el Valle de Bedoya, en Cillorigo de Liébana.'

Desde la Fundación Oso Pardo (FOP) se confirma el avance geográfico. «Se les está viendo en zonas que antes frecuentaban poco», confirmó a este periódico Guillermo Palomero, presidente de la organización.

Según la información con que cuentan los expertos, aún no se puede decir que «viven allí», aunque «ya se mueven por las estribaciones de Peña Sagra. Tampoco diremos que están tan estables como en los montes que limitan con Palencia. Sin embargo, es cierto que están ampliando su área de movimientos y seguirán moviéndose. Se han llegado a ver de seis a doce al tiempo. Esto hay que empezar a tomarlo como algo normal, porque seguirá ocurriendo que aparecen en sitios donde se había perdido la costumbre de verlos», explica Palomero.

Crecimiento

Para la Fundación, no es de extrañar la presencia de osos en estas nuevas áreas, donde hacía décadas que no se les detectaba. «Responde al crecimiento del censo de osos pardos, que se ha conseguido con mucho trabajo coordinado de las administraciones y las ong's en los últimos años». Guillermo Palomero también cree fundamental el factor de «aceptación social». «Ahora, tener osos en los montes cercanos es un orgullo para muchos».

«Si están llegando a territorios donde hace tiempo que no se les veía es en parte porque los habitantes de esas zonas tienen otra concepción del oso. El mensaje de que es una especie en peligro de extinción ha ido calando: ya se asume que es importante que el oso pardo que no desaparezca de nuestra cordillera».

Esta especie no se considera, ni mucho menos, salvada. «Sigue amenazada, dentro de que tenemos margen para el optimismo», recalca el portavoz de la FOP. Palomero no oculta que está «realmente contento» de comprobar que las poblaciones de osos se han incrementado en los últimos años.