El positivo de Dueñas cuestiona el ciclismo español

El corredor de Béjar tenía dopantes, lo que en Francia conlleva penas de hasta cinco años de cárcel, y ha quedado a disposición judicial

J. GÓMEZ PEÑA
Un gendarme tapa con una gorra la cara de Moisés Dueñas tras su detención. / EFE/
Un gendarme tapa con una gorra la cara de Moisés Dueñas tras su detención. / EFE

«Otro español». Así comenzaban ayer las crónicas del Tour en las emisoras de radio francesas. Difundían el caso positivo por EPO de Moisés Dueñas (Barloworld), el segundo de este Tour tras el de 'otro español', Manuel Beltrán.

«España es la última frontera del dopaje», criticó el presidente de la UCI, Pat McQuaid. En la orina del corredor de Béjar, el laboratorio parisino de Chatenay-Malabry había hallado restos de la vieja y vigente eritropoietina, en la cuarta etapa (la crono de Cholet). En la habitación de su hotel, la brigada encontró ayer productos dopantes. Fue expulsado del Tour, trasladado a la comisaría de Tarbes y ha quedado a disposición judicial. Las autoridades galas quieren que confiese de quién o de dónde provienen los fármacos. La nueva ley antidopaje francesa, que entró en vigor justo el primer día del Tour, prevé penas de hasta cinco años de cárcel y multas de 75.000 euros para la posesión de dopantes. El ciclismo español, de nuevo podado por el dopaje, está en cuestión.

Deporte presidiario. Escena repetida de una decadencia: treinta agentes de la Brigada antidopaje de la Gendarmería francesa acordonan el hotel Le Rex, en el centro de Tarbes, un pueblo que vive del milagro de al lado, de Lourdes.

Son las nueve de la mañana de la decimoprimera etapa del Tour. La policía irrumpe. Hasta que un agente hace su primera pregunta, todos tiemblan. Hay alojados dos equipos, el Barloworld surafricano y el Bouygues francés. La voz del policía resuelve la incertidumbre: «¿Cuál es la habitación de Moisés Dueñas?». Durante una hora le interrogan y registran la estancia. Pasadas las diez, el ciclista sale escoltado del hotel. Con una toalla en la cabeza. Tapándose. Imagen de delincuente. Beltrán, de 37 años, era miembro de una generación casi extinta; Dueñas, de 27, ganó hace dos años el Tour del Porvenir. ¿Porvenir? Los dos han caído en la misma trampa. Cepo: EPO.

«Es un idiota»

Otra vez, la salida del Tour estaba en llamas. «Mi primera reacción es de cólera», dijo McQuaid. «Es un idiota», maldijo. Los ciclistas franceses, apartados durante más de dos décadas de los puestos nobles del Tour, bramaban. Como Pineau: «Dueñas corría el año pasado en un equipo francés (Agritubel) y se fue. A una escuadra de fuera. Y ha empezado a subir puertos con los mejores. Peor para él. No ha comprendido nada. El ciclismo no necesita gente así. Hay que atraparles». Voz de guillotina. De extirpación.

Dueñas era una de la revelaciones de esta edición: decimonoveno en la general y presente en el grupo cabecero de los Pirineos. Ayer se supo que dio positivo en la cuarta etapa, la contrarreloj de Cholet. «Le seguíamos», confesó Pierre Bordry, presidente de la Agencia antidopaje francesa (AFLD). El Barloworld, que sigue en carrera, confirmó mediada la tarde que Dueñas contaba con medicamentos para los que no tenía receta del médico de la escuadra africana.

Deporte descreído

Increíble. Hace tiempo que esa palabra reina en el ciclismo, deporte descreído. Que ha perdido la fe en lo que ve. «Es increíble. Estamos en estado de 'shock' por lo de Dueñas. El resto del equipo está al margen», se distanciaron Claudio Corti y Alberto Volpi, responsables del Barloworld. «Nosotros no les pedimos resultados a los corredores. Somos un equipo invitado por el Tour. Esa es nuestra victoria», decía Volpi, aturdido, superado por la ola del escándalo. Más sereno, el colombiano Cárdenas, compañero de habitación de Dueñas y testigo del registro policial, daba una definición perfecta de este ciclismo: «Aquí cada uno busca su manera de sobrevivir». Frase destructiva. Ciclistas mineros, a ganarse el jornal aún a riesgo de la silicosis. Increíble. Como algunas de las gestas.

Escándalo capitular

En año olímpico y en pleno éxito deportivo español (Eurocopa de fútbol, Nadal, fórmula 1, motos, baloncesto...), el ciclismo comparte triunfos como los de Contador en el Tour 2007 y el Giro 2008 con este escándalo capitular. «Otro español», cantaban las radios. El Tour del año pasado finalizó con el caso positivo -aún está recurrido ante el Tribunal de Arbitraje- de Iban Mayo. El equipo Milram expulsó a Astarloa del último Giro por sus valores sanguíneos anormales. Patxi Vila había dado una semana antes positivo por testosterona. Ahora, la EPO de Beltrán y Dueñas. El increíble ciclismo español, como dicen en Francia.

La Ley no actúa

Y eso que tras la 'Operación Puerto' -la Guardia Civil desarticuló en 2006 una red de dopaje en torno al médico Eufemiano Fuentes-, el Gobierno español puso en marcha una nueva ley antidopaje: de seis meses a dos años de cárcel para los inductores. Jaime Lissavetzky, secretario de Estado para el Deporte, implicó a cuatro ministerios -Sanidad, Educación, Justicia e Interior-. Para acabar con la impunidad. «Deseamos que el deporte sea una escuela de vida para la juventud», se propuso la vicepresidenta del Ejecutivo, María Teresa Fernández de la Vega. Año y medio después de la entrada en vigor de la normativa, el ciclismo español sigue igual. O peor. La ley no actúa. Los casos positivos vienen siempre de fuera. Del Tour. «Otro español».

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