El viejo y el nuevo puerto de Laredo

RUFO DE FRANCISCO MARÍN

Desde su inicio, continúan a ritmo acelerado las obras de construcción del nuevo Puerto Pesquero-Recreativo-Deportivo de Laredo. Si los plazos de ejecución se cumplen, este proyecto será una realidad de aquí a un año o más. Algo impensable tiempo atrás, pero los avances tecnológicos hacen posible que una obra, siempre de gran complejidad y envergadura como es un puerto marítimo, pueda construirse en un período tan breve de tiempo. Hemos crecido conviviendo con el actual puerto y su entorno. Todo nos era familiar: sus muelles, rampas, escalas, bodegas, tendederos de redes, cofradía de pescadores, la celebración de las fiestas patronales y marítimas con sus cucañas y patos al agua, las abundantes costeras de pesca con aquella febril actividad, breve pero intensa, de transporte de lo capturado, inmediatamente después de su subasta en la lonja, por medio de carros o «mesetas» arrastradas por caballos, hasta las fábricas de conservas enclavadas en la Villa. El puerto, «el muelle», no tenía secretos para nosotros, porque estábamos integrados en él, casi como los sillares que conforman sus viejos muros.

A partir de ahora, a medida que avanzan los trabajos, comenzará a desaparecer la visión del puerto, que ya solo quedará grabada en nuestro cerebro, que no en nuestras retinas, las cuales van viendo la transformación que se lleva a cabo día a día. Habrá cambiado tanto la configuración actual, que supondrá, puede que durante mucho tiempo, un choque emocional entre el recuerdo y la realidad, porque, de repente, el «hoy» del actual puerto pesquero de Laredo pasará a convertirse en el definitivo «ayer». Y cuando, por deseo o nostalgia, queramos revivir aquellos escenarios, ya no tendremos más remedio que recurrir a la imagen grabada, es decir, a la fotografía sobre papel o expuesta en la pantalla del ordenador o a la panorámica recogida en vídeo.

Antes de que desaparezcan la silueta y los contornos del puerto que conocieron generaciones de laredanos, no es ocioso recordar que Laredo, desde su misma existencia, siempre tuvo problemas con sus puertos. La situación y orientación de su extensa playa, unida a las mareas, corrientes y vientos dominantes, han hecho que tras cada larga y costosa construcción de un muelle, cai, muro o puerto, la invasión constante de arenas terminasen por inutilizar su calado y tiempo después, hacer inviables las obras. Al quedar inservible por esas causas la llamada antigua dársena, que según los expertos data del siglo XVI, los laredanos, emprendieron, casi a la desesperada, la construcción del puerto de la Soledad, al Norte de la Atalaya, aprovechándose sillares de la inservible dársena, por razón de economía, según el historiador local Maximino Basoa, para lo cual tuvieron que taladrar la Atalaya mediante un túnel, de 130 metros de longitud. Tanto el túnel como el puerto, costeados por el pueblo de Laredo, fueron terminados el año 1.863. Poco duró este otro muelle. Bastó un serie de continuados temporales en un solo invierno, culminando con otro de mayor intensidad, para destruir prácticamente la flora pesquera y causar tan graves daños en el propio puerto, que ya nunca volvió a ser utilizado.

Por último, en 1.873 se aprobó el nuevo puerto, que es el actual, formado por el muro Sur con su dársena y por otro muro de mayor longitud y dimensiones, como es el muro Norte, que se inicia en el Canto, arrimado a los pies de la Atalaya, y avanza en dirección Oeste. Este nuevo puerto fue terminado el año 1.884.

Faltaba aún por ampliar este muro Norte con un espigón de 150 metros de longitud, en dirección Norte-Oeste, que se inició en 1.929 durante la Dictadura de Don Miguel Primo de Rivera y que fue ultimado durante la II República, bajo proyecto y dirección del Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, Don Antonio Garelly de la Cámara, a cuyo competente Ingeniero, que también llevó la dirección de otros puertos desde Cantabria a Galicia, la Villa de Laredo le dedicó una de sus calles.Al día de hoy, por parte del vecindario, se ignora la solución final que se dará por parte de las empresas que forman la UTE adjudicataria del proyecto, en lo que respecta al viejo puerto. Parece que ha habido modificaciones sobre el proyecto original.

En la última semana se ha visto, con creciente desasosiego, cómo se están desmontando los sillares labrados y redondeado su canto superior, existentes en la parte o nivel más alto orientada al mar, de la zona del viejo muro que se inicia en el Canto, comprendida entre el final de la ligera pendiente y el espigón Norte, así como el derribo del paseo del nivel superior de toda esa parte de muro.

La pregunta, aún sin respuesta, que hacen -que hacemos- los laredanos, es: ¿No se puede respetar en todo lo que fuera posible, el trazado del viejo puerto? Parece que el muro Sur se prolongará, en su día, cerrando la actual bocana, hasta encontrarse con la rotonda o ensanche del muro Norte, formando una unidad que avanzará hasta el extremo del espigón donde hoy se emplaza la edificación que acoge las instalaciones de Cruz Roja Española. Y que se desmontará la parte del viejo muro Norte comprendida entre el ensanche citado y su inicio en el Canto.

«Se habla, se comenta, se asegura de buena tinta » pero, ¿realmente será ello así?

Sabemos que las empresas no tienen corazón. Ello es bien cierto, porque son inanimadas, pero quienes sí lo tienen son las personas que forman o dirigen sus consejos de administración. No creemos que sea mucho pedir a los responsables, con sus corazones, de 'Marina de Laredo, S.A.' que tengan la sensibilidad y hasta la humildad de acercarse a este pueblo noble y leal, como por tradición asevera su Escudo de Armas, y promuevan un acto público en esta Villa, por ejemplo en el salón de actos de la Casa de Cultura, para que, con claridad y rigor, expliquen:

a) El proyecto actualizado del nuevo Puerto Recreativo, Deportivo y Pesquero de Laredo, con exhibición de los planos o proyecciones de imágenes y cuantos datos aclaratorios estimen.

b) Las partes o zonas que van a ser respetadas del antiguo puerto y si se ha de conservar su configuración original, de bloques labrados externos, etc., o se intercalarán partes con otro nuevo tipo de materiales.

c) Si se va a permitir el libre acceso del vecindario a las zonas que vayan a ser respetadas del viejo puerto, así como a la dársena que se destine al puerto pesquero. Los laredanos, desde sus inicios, han circulado por su puerto, como lo hacen por sus propias calles. Porque tienen necesidad de ello y porque han nacido y convivido íntimamente con la mar,

Pero es que Laredo, además de marinero por tradición, es turístico por vocación. Y uno de los placeres de quienes nos visitan es el paseo sosegado por los muelles de su puerto, en especial al atardecer, contemplando panorámicas placenteras, y bellas puestas de sol, siempre con sabor a mar. ¿Se nos va a hurtar a todos, laredanos y visitantes, de ese atractivo, de ese aliciente, de esa necesidad tan básica y tan necesaria para nuestro espíritu, para nuestro gozo interno?

Tampoco hay que olvidar que desde el inicio de las obras y hasta su término, el tramo de carretera desde el enlace con la autovía, en El Callejo hasta el casco urbano, con las calles que llevan hasta el Puerto, vienen siendo transitadas por los pesados camiones que transportan toneladas de rocas hasta El Canto, a un ritmo de un camión cada dos, tres o más minutos. Esos tramos de calles están siendo materialmente «machacados» por tan pesado tránsito. Necesariamente se resiente su parte más externa y visible, como es su asfaltado, pero también su subsuelo, atravesado en muchos puntos por las conducciones de saneamiento, de agua y luz, etc.

¿No debería evaluarse, por el organismo que corresponda, la valoración de esos daños al finalizarse los trabajos, y solicitar a la empresa ejecutante, en buen entendimiento, su equivalente compensación?

Que se nos aclaren, cuanto antes eso sí, estas dudas, para que el pueblo conozca la verdad, la realidad, las luces -y las sombras si las hubiere- del nuevo puerto. No podemos pensar que la empresa ejecutora haga oídos sordos a tanta demanda de información que el vecindario, con todo derecho, reclama.

Ojalá que el nuevo Puerto Pesquero-Recreativo-Deportivo traiga a Laredo las expectativas de progreso, crecimiento, riqueza y bienestar que se vaticinan. ¿Ojalá!. Que los cálculos de éxito se cumplan. Ello será bueno, en primer lugar, para la empresa concesionaria, y también, ¿como no! para esta Villa y sus gentes. En todo caso, como antes apuntábamos, apresurémonos a captar, en negativos fotográficos o en soportes informáticos y digitales las últimas escenas que nos será dado conservar, de nuestro viejo y querido Puerto de Laredo.

Rufo de Francisco es ex funcionario municipal

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