El agua, un negocio cristalino

La bebida más universal de todas se sirve en lujosos envases de diseño y ha logrado introducirse en las cartas de los mejores restaurantes. Puede degustarse con o sin gas, aromatizada, oxigenada y de los manantiales más inalcanzables

JOSE GÁLVEZ
Muchos restaurantes y bares ya ofrecen cartas con diferentes tipos de aguas, que los expertos saben diferenciar por su textura, sabor e incluso olor. / DM/
Muchos restaurantes y bares ya ofrecen cartas con diferentes tipos de aguas, que los expertos saben diferenciar por su textura, sabor e incluso olor. / DM

Hay quien ya se ha apresurado en llamarla el 'oro azul', haciendo una comparativa con el petróleo. La verdad es que por el camino que va razón no les falta. El agua embotellada se ha convertido en los últimos años en un auténtico negocio, y en un bien que mezcla la primera necesidad, la salud y el lujo. Ha dejado de ser inodora e insípida y ahora, huele y sabe a limón, manzana o mango. Se vende, por un lado, en hipermercados y, por otro, se está abriendo un hueco importante en el mundo de la hostelería. Además, su reputación ha subido por las nubes en contraste con el agua de grifo, cada vez más despreciada. ¿por qué este auge de consumir agua embotellada?

Las empresas agroalimentarias lo achacan a la creciente preocupación de la sociedad por cuidarse y estar sano. De esta manera, cada vez son más los establecimientos que se apuntan a la tendencia de ofrecer agua repleta de 'glamour' en envases de diseño. Y así como los exóticos 'cocktails' o los selectos vinos, el agua ha logrado posicionarse como un producto 'gourmet' que se ofrece en los bares más exclusivos del mundo. En la carta de estos restaurantes el agua toma sus más diversos sabores para ser degustados por paladares exquisitos: agua con y sin gas, aromatizadas con esencias de frutas o hierbas, oxigenadas y de los manantiales más inalcanzables. ¿Cuál es realmente la diferencia de calidad entre el agua de grifo y la envasada?

Ante esta cuestión hay dos posiciones claras. Los que creen en los beneficios del agua de botella y los que no. Antonio García es el director comercial del agua mineral natural sierraDúrcal, la primera agua de lujo embotellada en España que proviene del manantial que lleva este mismo nombre en Granada. García habla de distintas cualidades en lo que al preciado líquido se refiere y distingue tres tipos de aguas envasadas por orden de calidad: aguas minerales naturales, aguas de manantial y aguas preparadas. Las primeras serían las mejores, diferenciándose de las demás por sus propiedades beneficiosas para la salud debido principalmente a su composición de minerales y otra serie de elementos.

De esta manera, García habla de la marca sierraDúrcal como un agua de excepcional calidad «que ha sido situada entre las mejores de Europa por su composición, sus propiedades y su origen en Sierra Nevada, lo que le confiere una extraordinaria pureza y características organolépticas y terapéuticas destacadas en distintas catas de expertos».

Voces críticas

Sin embargo, varios expertos, como el jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Carlos Haya, Federico Soriguer, no ven tantas diferencias entre el agua de grifo y la embotellada. «El agua corriente es la conquista más importante de la salud pública. No hay diferencias entre ambas, excepto el precio, que la de botella es 200 veces mayor». Y es que según la opinión de este endocrino están consiguiendo que la sociedad crea que para estar sano hay que beber el líquido envasado. «Se trata de una forma de privatizar el agua», añade.

Fernando Sánchez, ingeniero químico de aguas, mantiene la misma opinión. A pesar de que en el mercado podemos encontrar agua mineral, purificada, de manantial o natural, entre otros calificativos, este experto afirma que la principal diferencia entre la de grifo y la de botella estriba en la calidad que pueda tener a la hora de consumirla. Es decir, la envasada puede saber mejor, dar una sensación más buena, pero ambas son igual de aptas para su consumo y la composición y función que cumplen en el organismo es exactamente la misma. «Responden a calidades idénticas», afirma. Según el ingeniero, sólo cabría hacer una distinción a las denominadas aguas minero-medicinales, cuya composición incluye ciertos elementos que reportan beneficios al cuerpo humano y se trata de una minoría de las aguas embotelladas como las marcas Lanjarón o Solán de Cabras, que pueden beneficiar ciertas patologías de riñón, por ejemplo.

Lo que sí está claro es que el negocio del agua está en pleno auge. Los datos que se desprenden de la estadística que realiza la Asociación Nacional de Empresas de Aguas de Bebida Envasadas (ANEABE) reflejan la positiva y constante evolución que caracteriza ya a este sector. Según datos de 2006 la producción española de aguas envasadas ascendió a 5.765 millones de litros, un 5,03 por ciento más que en 2005, año en el que la producción se situó en los 5.400 millones de litros. Así, España es el cuarto productor europeo de aguas envasadas, por detrás de Italia, Alemania y Francia, según analiza la Estadística de Producción de Bebidas de Aguas Envasadas de Europa, elaborada por la EFBW (Federación Europea de Aguas Envasadas).

Estas cifras y el hecho de que en los últimos años el consumo de agua envasada haya experimentado crecimientos mucho mayores que otras bebidas comerciales, como leches, zumos, cervezas o refrescos, ha llevado también a las grandes empresas agroalimentarias y de bebidas refrescantes a diversificar su negocio. Así lo ha hecho, por ejemplo, Grupo Pascual con Bezoya, Osborne con Solán de Cabras o Cervezas Damm con Fuente Liviana.

Medio Ambiente

Otro aspecto a tener en cuenta sería el impacto medioambiental que se da con la producción del envalaje de estas aguas. En algunas empresas como la de agua mineral natural sierraDúrcal «nos preocupa este tema y por ello fabricamos nuestro producto en envases no retornables», asegura Antonio García.

Desde la federación de consumidores Facua apuestan, en este sentido, por el agua de grifo que aseguran es de calidad y no produce daños a la naturaleza. Sánchez afirma que se puede llegar a entender el perjuicio que provoca envasar zumos o refrescos, pero no con el agua que cada uno puede obtener en su casa. «Las administraciones públicas y los propios restaurantes deberían adquirir un compromiso para ofrecer e incentivar el consumo de agua corriente» declara Rubén Sánchez, portavoz de la organización. De esta manera, indica Sánchez, se evitaría, en cierta medida el impacto medioambiental que supone la fabricación de estos embases.

Mientras unos desprecian la calidad del agua de sus grifos, otros beben agua insalubre y contaminada o tienen que caminar varias horas para conseguir agua potable. Mover un dedo y obtener decenas de litros de agua potable por minuto sigue siendo un sueño para millones de personas en todo el mundo.