Un perro busca hotel en Santander

En Cantabria muy pocos establecimientos admiten mascotas durante las vacaciones Los dueños eligen las residencias caninas que disponen de todo tipo de lujos para estos animales

LUCÍA ALCOLEA
Rubén, el dueño de la Residencia Canina Besaya, juega con una de sus perras en la peluquería. / SANE/
Rubén, el dueño de la Residencia Canina Besaya, juega con una de sus perras en la peluquería. / SANE

Encontrar hotel en las vacaciones de verano suele ser una tarea difícil. Y si encima llevas mascota, entonces es como un mar bravo casi imposible de surcar. Los perros no son considerados buenos huéspedes en la mayoría de hoteles de Cantabria. Ya sea por los ladridos, ya sea por el olor que desprenden, los canes casi nunca figuran en la lista de inquilinos.

Ante este panorama, las comodidades de la residencia canina parecen ser la opción más atractiva para los dueños del mejor amigo del hombre. Aunque cierto es que muchos no lo entienden: «un perro bien educado no tiene por qué causar ningún problema», señala Jesús García, dueño del aparta-hotel Las Brisas. Y es que Jesús se fija en 'Lua', su perra, un asombroso ejemplo de educación. «'Lúa' siéntate», dice. Y 'Lúa' se sienta. «'Lúa' da la mano», y 'Lúa' da la mano. Todo, sin emitir ni la mitad de un ladrido. Ella es la dueña del hotel y la que se lleva de calle a los huéspedes, o al menos a la mayoría, porque hay algunos que se quejan, «hay clientes que ponen pegas a que se admitan perros, pero son los menos porque los perros bien educados no molestan. Lo importante es enseñárlos cosas como que no deben hacer pis en la calle», señala Jesús. En el Hotel Albatros, en Suances, han entrado hasta chinchillas.

NH Express y NH Ciudad de Santander son otros dos de los pocos hoteles que admiten perros. Con un recargo de ocho euros el primero y doce el segundo y siendo siempre un perro por habitación, los canes pueden pasar la noche debajo del brazo de su dueño. «Por regla general no suele haber ningún problema», declara Francisco Roldán, director de NH Ciudad de Santander.

En el Hotel Real es necesario que tengan un tamaño específico y el precio asciende a 24 euros por noche. Pero el problema no suele ser el dinero, sino la dificultad para alojar a la mascota. Así, la lista de hoteles disponibles para las personas que viajan con perro, suele reducirse bastante. No pasa lo mismo con las casas rurales, ya que la mayoría en Cantabria admite mascotas. La Casona del Agua, Apartamento El Palacio, El Cafetar de Rumoroso son sitios donde el animal es siempre bienvenido. A la casa rural La Mazuela normalmente acuden gatos y perros. «Es normal que los hoteles no estén dispuestos a aceptar animales. En las casas rurales están ellos solos. Hay hoteles que dejan que entren mascotas cuando no tienen mucha gente», asegura la dueña.

Residencias caninas

Pero no todos los dueños llevan a su perro entre el equipaje. Algunos prefieren recurrir a las residencias caninas. Los perros, con una retahíla de lágrimas y lamentos durante la primera noche, suelen terminar adaptándose a este tipo de sitios. Algo normal, ya que los hoteles para perros son más bien un paraíso de comodidades.

En la residencia canina Besaya los canes no tardan en acostumbrarse a la nueva cama, que se encuentra en una jaula aislada contra el frío y el calor. Charli, negra como el azabache, acaba de llegar y sus ojos transmiten tristeza a través de los barrotes del box, en cambio los demás ladran emocionados cuando ven entrar gente en su terreno. «Ya tienen confianza y se han acostumbrado a los paseos diarios y al trato familiar que reciben de sus cuidadores», señala Rubén Sánchez, dueño del centro. Están viviendo lo que se dice unas vacaciones de lujo. «Los perros se acostumbran a su rutina y luego cuando vienen los dueños, no quieren ir con ellos». Los juegos al aire libre, el servicio de peluquería y una tienda con correas de todos los colores hacen de este lugar el cielo de los canes. Además, tienen donde elegir, ya que las residencias caninas abundan en Cantabria.

Aunque muchos no están dispuestos a separarse de su mascota en vacaciones y se ven obligados a hacerlo debido al limitado número de hoteles que admiten que el perro ocupe una habitación, a pesar, la mayoría de las veces, de que esté bien educado.