Un rodaje fugaz

Han sido tan sólo cinco días, pero de intenso rodaje. Después del éxito cosechado con su primer trabajo, 'El Espejo', el cineasta cántabro Valerio Veneras y la realizadora colombiana Lilí Cabrera, codirigen su segundo cortometraje, 'Una estrella fugaz', por diferentes escenarios de Cantabria.

Valerio Veneras, Catalina Londoño, Agustín Ruiz y Lilí Cabrera visionan una toma./
Valerio Veneras, Catalina Londoño, Agustín Ruiz y Lilí Cabrera visionan una toma.

En el año 2006 alcanzaron la gloria con 'El espejo', cortometraje que fue galardonado en varios certámenes, entre los que destaca el premio 'La noche del corto español', obtenido en el Festival de Cine de Valladolid. Ahora, «hay que demostrar que todo lo que nos pasó con aquel trabajo no fue fruto de la casualidad; que no todo fue la suerte del principiante», confiesan Lilí Cabrera y Valerio Veneras, responsables de aquel éxito, que durante esta semana han rodado en Cantabria su segunda cinta: 'Estrella fugaz'.

Ningún oficio se conoce de verdad hasta que se palpa desde dentro, y quizá en el caso de algunos, como el cine, esta necesidad crece. Cuentan con la experiencia del primer corto, pero la nueva producción no está exenta de dificultades; suele pasar cuando la sana ambición obliga a que experiencia y ambición crezcan parejos. «Es nuestro segundo trabajo, pero no por ello deja de ser un reto, porque en este caso el 'planning' de exteriores es infinitamente mayor. Además, el lenguaje narrativo es muy diferente, mucho más experimental», confiesa Veneras.

El rodaje fuera del estudio condiciona muchas veces la orden de trabajo, y a pesar de lo exigente del calendario de esta película -que ha pasado por localizaciones de Liencres, el hospital Valdecilla, el restaurante Lasal, el Palacio de la Magdalena y la calle Miguel Artigas de Santander, entre otros-, «podemos estar contentos con el resultado, porque todo ha salido bastante bien», confiesa Veneras. «Tenemos que dar las gracias a todo el equipo por su dedicación y esfuerzo. En los créditos siempre aparece tu nombre, en grande, pero detrás de una obra cinematográfica hay un gran trabajo de grupo».

Esfuerzo colectivo

Un equipo de 30 personas ha hecho posible la filmación que en algunos momentos se presentaba complicada. «Hay que tener en cuenta que hemos estado en lugares muy diferentes, algunos de ellos de difícil acceso. Siempre recordaremos aquel viaje en el que, de pronto, nos encontramos subidos en un tractor facilitado por el Ayuntamiento para acceder a un escenario en las dunas de Liencres; parecía una superproducción».

Pero no siempre los lugares más apartados son los más molestos para la producción, «quizá el día más difícil fue el que se desarrolló en Valdecilla. Estuvimos mucho tiempo y el acceso, por el tráfico, no es muy bueno. Precisamente de allí es de donde más anécdotas conservamos. En mi caso, y gracias al vestuario -una bata que formaba parte de la caracterización de la figuración-, una enfermera llegó a confundirme con un médico».

Alta definición

En el buen cine siempre se vislumbran posos de oficio, también de arte, y en algunos casos de tecnología, que también ayuda a contar historias. «Nosotros no tenemos efectos especiales lejos de la lluvia artificial que nos proporcionan los bomberos de Santander; pero sí contamos con una cámara de alta definición con la que estamos obteniendo unos resultados excelentes, confiesa el cineasta cántabro, colaborador de 'De Marcha' y además dibujante, periodista, guionista, escritor...

La máquina, llamada 'Red one', pertenece al último grito en alta definición digital. «Precisamente con este tipo de máquina se rodó la película del Che Guevara». Las facilidades son múltiples, porque «no precisamos etalonaje ni revelado para comprobar el material rodado. Además, el resultado de la copia posterior, en 35 mm, es muy bueno».

La comodidad y velocidad de trabajo se traduce en ahorro económico y, en algunos casos, en la llave para poder ajustar el calendario. «Todo comenzó un poco apretado, porque Agustín Ruiz -personaje principal del film junto a Catalina Londoño y Eduardo Velasco-, podía rodar sólo el primer fin de semana como consecuencia de la filmación de la serie 'El internado'. Por eso es importante poder trabajar deprisa cuando es necesario», explica Veneras.

La necesidad de amar

«La historia habla de la necesidad que todo el mundo tiene de amar. No será un metraje largo; supongo que rondará los ocho minutos, pero creo que es mejor no desgranar más». La esencia del libreto, escrito en colaboración con Lilí Cabrera se queda en la película, y habrá que esperar hasta el día del preestreno «previsto en el Palacio de Festivales», para comprobar cuál es el enfoque. Una visión que ambos cineastas comparten gracias a la complicidad que se canaliza en la codirección. «Compartir la dirección con Lilí es una experiencia maravillosa, y en algunos casos necesaria. No tenemos problemas porque ambos tenemos los mismos gustos, y entendemos el cine del mismo modo. La figura del director ha de tomar decisiones en todo momento, y puede resultar estresante. Poder compartir esta responsabilidad es todo un lujo».

¿Y de cara al futuro?: «Esperamos tener la copia lista para principios del año próximo. A partir de ahí, comenzaremos a moverlo por diferentes Festivales». Pero las previsiones van más allá. «Por mi parte tengo también preparada una idea para largometraje. Aún necesita trabajo, pero pretendo continuar por ahí, siendo consciente de que el salto es muy difícil, porque necesita mucho dinero». Todo necesita tiempo, pero según lo demostrado hasta el momento parece que estas jóvenes estrellas del celuloide no son precisamente fugaces; tienen mucho que contar. JOSÉ CARLOS ROJO PUENTE

FOTOS: SANE

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