Ramón Turró, un científico polifacético

Hace pocos días me llegó un libro importante para la profesión veterinaria: 'Homenaje al insigne veterinario Ramón Turró' ( León, Pudiamar, 2008). Es un ensayo que identifica al prestigioso Ramón Turró y Dardé (1854-1926) con la veterinaria española, colocándole así en el lugar de donde no debieron sacarle. Las ocupaciones multidisciplinares de Turró y su curiosa biografía favorecieron que no se tipificara adecuadamente a este sabio catalán. De ahí proviene que unos lo consideren filósofo, otros le hayan llamado biólogo y la mayoría le tuviera por médico. Participó de las tres disciplinas e, incluso, estudió esas materias, unas veces como autodidacta y otras oficialmente.

Hoy podemos decir de Turró que fue un hombre que sabía muchas cosas, pero que fue un mal estudiante. Empezó tres carreras, pero no terminó nada más que los estudios de veterinaria, que inició cuando las cosas se le pusieron mal, al no tener una titulación oficial que le permitiera desempeñar la dirección del Laboratorio Municipal de Barcelona. Aunque hay varias tesis doctorales sobre el personaje, la biografía de Ramón Turró está por escribirse. En las Universidades de Barcelona y León se conservan los expedientes de sus estudios y parte de su correspondencia. Pero no es suficiente para ofrecer su semblanza biográfica que merece un ensayo más amplio que el que ahora se ha publicado.

Leandro Cervera, médico y veterinario, escribió la primera reseña biográfica, pero se refiere muy poco a sus estudios. Sin embargo, fue un personaje admirado en su época por Marañón, Rodríguez Carracido, Pío del Río Hortega y pensadores y escritores, como Unamuno, que le prologó el libro 'Orígenes del conocimiento'; Gabriel Miró, Ortega y Gasset o Jacinto Verdaguer.

Descubrir su faceta humanista y médica es la razón de que se publique este libro que, en definitiva, supone la reivindicación de Turró como veterinario. Gracias al número de la 'Revista de Higiene y Sanidad Pecuarias' que dirigía Félix Gordón Ordás, con artículos dedicados a la muerte del sabio catalán en 1926, podemos actualmente, al reproducirlos, con nuevas colaboraciones, reconstruir esa faceta veterinaria de Turró. Son artículos de amigos suyos, admiradores de su obra sobre fisiología, bacteriología e inmunología.

Cuando las circunstancias le acuciaron, aprobó como alumno libre, en pocas convocatorias, los estudios de veterinaria en la antigua Escuela de Santiago de Compostela, cuyo título se le expidió el 30 de diciembre de 1890. Se defendió muy bien en los exámenes con sus conocimientos de medicina, pero contaba la anécdota que le sucedió cuando estaba explicando al tribunal el aparato óseo del caballo. Al llegar a la clavícula le interrumpieron para decirle que no siguiera, ya que el caballo no tiene clavícula.

Fue luego presidente del Colegio de Veterinarios de Barcelona y director de la 'Revista Veterinaria de España', además de ensayista y conferenciante notable. Por ejemplo, el 12 y 14 de noviembre de 1917 pronunció dos conferencias con el título 'La base trófica de la inteligencia', en la Residencia de Estudiantes de Madrid, editadas como libro al año siguiente. Sus obras más conocidas fueron 'Filosofía crítica', 'La base trófica de la inteligencia' y 'Los orígenes del conocimiento' que le dio fama internacional. Murió en Barcelona el 5 de junio de 1926. En una de sus cartas a Unamuno le había escrito que 'el verdadero problema de la vida es el problema de la muerte' y poco antes se había hecho, a sí mismo, esta pregunta crucial para un filósofo, de 'que si la vida solo servía para vivir ¿para que sirve la vida?'.

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