Concejales amenazados toman aire en el sur

Medio centenar de ediles del PP vasco recuperan la sensación de libertad en un viaje de cuatro días, invitados por sus compañeros

JOSÉ MARÍA REVIRIEGO| BILBAO
Un grupo de concejales vizcaínos del PP pasea al atardecer por la playa gaditana de La Caleta. / FOTOS CEDIDAS POR GERMÁN LÓPEZ BRAVO Y JAVIER MORENO/
Un grupo de concejales vizcaínos del PP pasea al atardecer por la playa gaditana de La Caleta. / FOTOS CEDIDAS POR GERMÁN LÓPEZ BRAVO Y JAVIER MORENO

Para alguien que no puede ni bajar a por el pan sin avisar antes a sus escoltas, alejarse cuatro días del miedo es un pequeño renacer, «es recordar cómo era la vida de verdad». Sin tener que mirar hacia atrás durante un paseo ni estar atento al reloj para volver a casa a la hora prevista, la jornada cotidiana vuelve a ser «normal». Medio centenar de concejales del Partido Popular en el País Vasco han recuperado las buenas sensaciones y se han olvidado del ahogo que sufren en el desempeño de sus cargos, gracias a un inédito programa de descanso para los ediles más castigados en sus pueblos por la intolerancia de algunos y la amenaza de ETA.

Invitados por el PP andaluz, este grupo de electos ha disfrutado de una etapa de reposo y ocio en Granada, Cádiz, Málaga y Huelva. Apenas han sido cuatro días, pero suficientes para «desconectar» de la presión y cargar las pilas. Para muchos, recobrar la libertad se resume en una sensación. «En poder respirar al aire libre» y recrearse «con el olor a jazmines» en una terraza a medianoche, a pesar «de lo bien que huelen las rosas» en Euskadi por muchas espinas que tengan.

Nunca olvidan su tierra; por eso concejalas como Juana Bengoetxea siguen en sus ayuntamientos, en su caso, en Irún. «El problema del ser humano es que uno se acostumbra a todo, y eso se cobra en nosotros un precio muy alto», indica Bengoetxea tras su paso por Marbella.

Estas y otras emociones son relatadas por los ediles que han estado en los dos últimos meses en Andalucía. El PP vasco, en colaboración con sus compañeros andaluces, ha puesto en marcha a finales del verano este programa de descanso, abierto a sus 225 electos (99 en Álava, 76 en Vizcaya y 50 en Guipúzcoa). Sin embargo, da prioridad a los concejales más expuestos al acoso, es decir, a los «más puteados», según explica gráficamente uno de sus coordinadores.

El proyecto nació gracias al hermanamiento del PP vasco y andaluz. El partido que lidera Javier Arenas homenajea a sus compañeros en Euskadi en todos sus congresos y lo que empezó siendo una declaración de apoyo se ha convertido en una relación mucho más cercana. Pese a que los populares de Euskadi habían organizado esporádicamente viajes para sus electos más amenazados en los tiempos duros, es ahora cuando la formación que preside Antonio Basagoiti coordina un programa estable de 'desconexión' en Andalucía.

En turnos durante septiembre y octubre, 50 concejales vascos (20 de Vizcaya, 20 de Álava y 10 de Guipúzcoa) se han oxigenado en diferentes estancias en Lepe, Motril, Marbella, Roquetas de Mar y El Puerto de Santa María. Además del ocio y el descanso, participan en encuentros políticos con sus colegas y en recorridos organizados por la provincia. El PP andaluz, que ofrece los municipios donde gobierna -tiene 150 alcaldes en esa autonomía-, sufraga el alojamiento y la mitad del vuelo. La otra parte del viaje corre a cargo de la formación en Euskadi. Tienen prioridad los concejales, que se apuntaron en solitario o con sus parejas. Por eso no se ha desplazado ningún dirigente de la ejecutiva.

Organización

La coordinación de la iniciativa es competencia de los secretarios generales en cada territorio: Esther Martínez (Vizcaya), Borja Semper (Guipúzcoa) y Javier de Andrés (Álava). El programa, que se repetirá el año que viene en otros destinos andaluces, permite a los electos olvidarse de las preocupaciones del día a día que, en su caso, no terminan cuando cuelgan la 'txartela' de concejal, sino que se mantienen en su vida 'de paisano'. Sin ánimo de dramatizar, Basagoiti les recuerda en las reuniones que mantiene por los pueblos donde el PP tiene representación que no hay que bajar la guardia: «Nuestros concejales no pueden descansar. No os tengo que recordar que al pobre Manuel Zamarreño le mataron así».

Poniendo tierra de por medio, sustituyen el estrés y la presión de sus responsabilidades por el esparcimiento. Este cambio de aires refresca a un colectivo que sufre como pocos el desgaste psicológico.