La batalla del frente mediático

L. L. CARO| JERUSALÉN

«A menos que algo realmente dramático suceda, como un error garrafal que mate a un gran número de civiles, tendremos tiempo suficiente para hacer lo que tenemos que hacer. No se cuánto va a durar, pero en este momento Israel no tiene poca cuota de comprensión y apoyo, incluso de aprobación, de muchos países». Las palabras corresponden a Dan Gillerman, ex embajador del Estado judío ante la ONU y ahora uno de encargados de dirigir la maquinaria de comunicación oficial que Israel ha activado con la guerra.

Una meticulosa ofensiva mediática, que era lanzada al mundo incluso antes que los F-16 sobre Gaza. Justo cuando la ministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, ordenó a todos sus funcionarios en el extranjero desplegar una «campaña de relaciones públicas» intensiva, con el fin de hacer calar en todo el globo las razones hebreas del ataque y fomentar el respaldo internacional a la operación.

Si la primera gran derrota de Israel en su batalla con Hezbolá la sufrió en la opinión pública, todos los esfuerzos se han concentrado ahora en no repetir el error cometido en Líbano.

«No hemos visto condenas dramáticas, sólo los consabidos y genéricos llamamientos a la calma y el cese el fuego», se felicita Guillerman. Un sondeo del diario 'Le Figaro' mostraba la «comprensión» del 55% de los encuestados hacia la postura israelí.

El Gobierno hebreo ha logrado hacer prosperar la idea de que su bloqueo a Gaza es consecuencia del disparo de los cohetes Qassam sobre su territorio, cuando en realidad comenzó tras la victoria electoral de Hamás. O de que cumplió su tregua con los islamistas, cuando en los seis meses de alto el fuego mató a casi una cincuentena de palestinos.

En su contraataque, el movimiento integrista comenzó ayer a enviar mensajes de móviles a los israelíes: «Cohetes en todas las ciudades, refugios no protegen». Y amenazan con «más sorpresas tecnológicas, como piratear las frecuencias de radio enemigas». David contra Goliat.