El idioma cántabro

JUAN IGNACIO VILLARÍAS

Afortunadamente en esta provincia, a diferencia de otras, no tenemos más que un idioma, éste que hablan cuatrocientos millones de personas en todo el mundo, uno de los idiomas universales. Y nos evitamos engorrosísimos problemas de bilingüismo, de imposiciones y de exclusiones, y de enfrentamientos, además de la confusión mental y de los problemas propios de todo idioma o dialecto regional, que se habla en casa pero no en la calle, o se impone en la escuela y en la administración por la fuerza, en fin, qué les voy a contar que no esté más que sabido.

Pero ahora resulta que salen por ahí cuatro pelagatos preconizando un pretendido dialecto cántabro, o cántabru, como escriben ellos, el colmo ya del despropósito. Esa forma dialectal de hablar el idioma común no es sino la reminiscencia del antiguo idioma leonés, que desapareció, como suelen desaparecer los idiomas, no sin dejar rastro, sino que el rastro consiste en esta manera dialectal que persiste en parte de esta provincia y de otras, tales como Asturias, León (El Bierzo), y otras, hasta Extremadura.

El español es el latín hablado en España, lo mismo que el francés es el latín hablado en Francia, y así sucesivamente. Y el español es como es porque se trata del latín hablado por pueblos ibéricos, mientras que el gallego-portugués y el leonés eran latín hablado por pueblos celtas. Y de ahí las diferencias en cuanto a las vocales, que mientras el castellano y el italiano (el latín hablado por etruscos) tienen sólo cinco vocales, el portugués, el francés (latín hablado por galos) cuentan con muchas más, vocales abiertas y cerradas, breves y largas, y demás. Por eso el leonés, o este pretendido cántabro de hoy, cuenta con más vocales que las del correcto castellano, y así, por ejemplo, la o final se pronuncia cerrada, es decir, con tendencia hacia la u; aparte de otras particularidades que no son del caso. Y por eso ahora esa pandilla de indoctos quiere que se escriba cántabru en vez de cántabro, y andan por ahí haciendo el ridículo (y cometiendo delitos de paso) pintando la u encima de la o en las señales viales, o una i encima de una e final. Lo cual en todo caso no sería exacto ni necesario, pues en portugués muchas veces la o se pronuncia u, y la e se pronuncia i, no hace falta cambiar la grafía, pues con cinco signos gráficos se pueden representar quince fonemas vocálicos en ese idioma.